Testimonio de Elda Durán


La escritora e investigadora argentina Elda Durán nos deja su testimonio de infancia en Neuquén, compartida con los mapuches

Fotografías de la autora

   Neuquen- Las Coloradas- Piedra Grande

                                            
                                     
                       



  









Neuquen- Las Coloradas- Inmensidad


   











 En la memoria de la tarde                                         

...a veces, recuerdo a mi niña en el umbral de la casa, las acequias murmurando el chisme cotidiano a cada lado de la calle. Y ella empeñada en fijar los ojos en otros mundos, ajenos a la alameda del frente, al torreón, la bicicleta tirada en la vereda esperándola a ella, mi niña, sumergida en los vientos ariscos de Cronin, en los sigilos estoicos de Strogoff.
Y antes aún, parada en la gran piedra de Las Coloradas, mirando los toldos cercanos de los que vendría el Parrita para enseñarle los tesoros de la mica y el carbón. Y el silbido, apenas una nota discordante en su boca pequeña mientras el Parra le indicaba así niña, así, vea, que el aire le salga para afuera. Y la montaña, cortando la inmensidad agreste del desierto amarillo, el brazo del río donde la madre de ella, mi niña, lavaba la ropa.

Me llegan de otro siglo las voces y las risas, la tina de madera humeante y la madre enjuagando el pelo rebelde y jabonoso con el chorro caliente del jarro enlozado que se multiplicaba en sus oficios de lechero, jardinero y enjuagador de niñas jubilosas en el baño de invierno.

Aprender la hora en el reloj redondo, dar vuelta las agujas y saber del cuarto y de la media, mirarse en la luna espejada del toilette antiguo, único lujo de la pieza de barro, la cocina económica, el farol, el patio grande como el desierto mismo, sin limites a la vista, arena y cardos.

También se escuchan otras voces cambiando yerba y azúcar por un bono, sin vuelto para el portador cetrino que armará en mayo la enramada con su gente, mientras el alemán del boliche se encierra temeroso y por esta vez no les escamotea el vino áspero y seco como su misma vida, sonando los cultrunes tres días seguidos de machi y camaruco.

La recuerdo toda, a mi niña digo, hasta algún día que se me perdió en el tumulto de los que crecieron sin darse cuenta. Será por eso que no dejo de buscarla en el recodo azul de la memoria de las tías. O en los ojos de la madre que no olvida decirle te acordás, te acordás aquel libro, aquel verano, la novela de la tarde, Chos Malal, los techos que trepaste rodilla agujereada, te acordás del paredón de los Luna, Villa Farrel, te acordás la señorita Salvattore, eras chiquita y la primera huelga, niñita peleadora,  te acordás tercer grado.
Tan bello verse en los ojos profundos de la madre para saber de mi niña siempre viva en el umbral azul de la memoria.

      Elda Durán

                                                                                                 -Febrero/2002-




Zoológicos humanos y repatriación de restos de indígenas secuestrados


Este documento visual es de gran importancia en el proceso de reivindicación de los pueblos originarios. Responde a un proyecto de restitución a su patria Chile de los restos de indios selk’nam abandonados en Europa. Se trata de una tarea de los investigadores chilenos Christian Báez y  Hans Mulchi- Bremer y  el inglés Peter Mason sobre un secuestro de selk’nams (indígenas fueguinos llamados “onas” por los yámanas y por los foráneos). Un empresario belga , Maurice Maitre, capturó a once selk’nams para participar en la  Exposición Universal de París (1889), con motivo de cumplirse 100 años de la Toma de la Bastilla,  celebrando “cien años de libertad, igualdad y fraternidad”. Entre sus atracciones se presentaron además la flamante Torre Eiffel y una “Aldea Negra”, compuesta por 400 nativos. Los europeos miraban a los indígenas como a animales (la exhibición se llamaba “zoológico humano”). Varios de ellos murieron contagiados de enfermedades, en medio del maltrato, el abuso y la humillación a sus personas y a su cultura. Un niño del grupo selk’nam llamado Calafate sobrevivió y retornó a Chile. El presente documental lleva su nombre.








Comentarios sobre el documental:







Testimonio de Claudia Andrea Pointet

Migración:
Chile-Francia, Francia-Chile


Mi migración comenzó cuando conocí a mi marido francés en Chile. Nos
casamos en Francia en el año 1991, pero luego planeamos volver a Chile.
El tenía un proyecto turístico en el sur del país y pusimos todas
nuestras energías para realizarlo. A los dos años de nuestro matrimonio,
tuvimos nuestro primer hijo, Daniel. Cuando nuestro bebé tuvo
19 días emprendimos el viaje de regreso a Chile. Yo estaba ansiosa de
ver mi gente, mi país, mis paisajes y mis aromas del sur, precisamente
en Concepción.

No nos dimos cuenta cómo pasó el tiempo. Cuando Daniel tuvo 6
meses emprendimos el viaje de vuelta a Francia. No teníamos
suficiente dinero para mantenernos y mi marido podía trabajar
en Francia. Ahí nos quedamos 9 meses y llegamos a Chile a
principios del año 1995.
Construimos una casa en Concepción y mi marido se puso a
construir una embarcación turística en Puerto Montt.

Las cosas se pusieron difíciles cuando esperaba a mi hija. El
embarazo fue terrible y su nacimiento cambió nuestros planes
debido a su enfermedad. Discapacitada mental y físicamente,
nos llevó a abandonar el proyecto de la embarcación turística
y mi marido empezó a trabajar en Concepción en una
constructora. Con esta situación no pudimos viajar a Francia,
hasta que mi marido decidió ir a trabajar por 7 meses mientras yo me
quedaba en Chile.

Lamentablemente, cuando volvió y retomó su proyecto de turismo
en el sur de Chile, nos dimos cuenta que la empresa no funcionaba
como lo esperábamos y la situación de mi hija era mala. La situación
económica era primordial, lo cual mi marido debió volver a Francia
mientras que yo esperaba nuestro tercer hijo.
Otra vez me quedé sola.
A fines del año 2000 tuvimos que tomar otra decisión. Hicimos
nuestras maletas y migramos en familia a Francia. Desde enero del
año 2001 vivimos en una ciudad de los Alpes. Pero creo sinceramente
que mi migración quedará hasta aquí. Una vez que la familia está
instalada, nuestra hija bien cuidad, mi marido con buen trabajo
y yo bastante adaptada, no puedo pensar en volver a Chile.
Si, vuelvo a ver a mi gente, mis amigos, mis paisajes y
mis aromas preferidos.

Este es mi testimonio. Si desean leer más les recomiendo mi libro
Muñeca de Trapo (arcoiris editions) Para cualquier información,
pueden escribirme a: andreapointet@yahoo.fr

Testimonio de Berta Brusilovsky- Filer

Antes de presentar el testimonio, quiero destacar el importante aporte de Berta a nuestro espacio, ya que su punto de vista y su "situacionalidad" son singulares. Se trata de una mujer que frente a las diversas salidas laborales como arquitecta que se le ofrecen, en un momento de su vida opta por 'habitar solidariamente el mundo'. En su libro Crónicas de viajes en clave de solidaridad (2007), del que citamos algunos pasajes a continuación, Berta deja constancia de sus intensas experiencias.

Datos biográficos

Berta Brusilovsky Filer, arquitecta, nacida en la República Argentina, desarrolló su labor profesional como arquitecta en España (1971 a 1999), donde reside desde el año 1967. Tiene título de arquitecta por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Escuela Politécnica de Madrid. Es Técnico Urbanista por el Instituto de Estudios de Administración Local (hoy INAP).

Desde el año 1998 hasta finales del año 2004, fue Voluntaria del Programa de Voluntarios de Naciones Unidas. Trabajó en proyectos en Honduras (en el proyecto de la cooperación sueca, ASDI), en Costa Rica (Proyecto Triángulo de Solidaridad) y finalmente en Ecuador. En este último país, coordinó el Proyecto Ciudades Solidarias, Apoyo al Voluntariado en las Ciudades en Esmeraldas y fue Asesora Principal de la sede del proyecto internacional Ciudades Solidarias, Apoyo al Voluntariado en las Ciudades para Ecuador, Yemen y Jamaica.

También colaboró con proyectos de Voluntarios en Guatemala y desarrolló propuestas para la frontera Nicaragua - Costa Rica. Tuvo la oportunidad de estar presente en varios eventos celebrados en Chile, Bolivia, Guatemala y Panamá. Trabajó con Arquitectos Sin Fronteras – España - en sus proyectos de República Dominicana.

Desde 2005, es miembro fundador de la ONGD Acción para el Desarrollo y la Igualdad, organización desde la cual trabaja en proyectos de desarrollo para Bolivia, Ecuador, Guatemala, Honduras, R. Argentina, R. Dominicana.



Texto del libro: Crónicas de viajes en clave de solidaridad (2007). Madrid: Nuevos escritores.( p. 18-32, 159-162 ).

PARA COMPRENDER

Este extracto con el que comienzo, pertenece al informe “Pagar el precio” que presentó Oxfam Internacional[1] (Intermón Oxfam en España) y denuncia la falta de cumplimiento por parte de los países más ricos de los compromisos adquiridos en el año 2000, en el que 189 países se comprometieron en la Asamblea de las Naciones Unidas a reducir a la mitad, en el 2015, el número de personas que viven en la extrema pobreza (menos de 1 dólar al día). Para ello, los países adoptaron un paquete de medidas conocidas como Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo primer objetivo (conseguir el acceso universal para las niñas a la educación primaria y secundaria en 2005) está aún muy lejos de ser alcanzado, por ejemplo en América pero en especial, en África.

“A tan sólo tres semanas para el inicio de la cuenta atrás, todo apunta a que se han desperdiciado cinco años imprescindibles para conseguir reducir la pobreza en el mundo. Si los países más ricos no cambian la tendencia actual y se comprometen urgentemente a incrementar la ayuda al desarrollo, cancelar la deuda externa de los países más pobres y a implantar reglas comerciales más justas, las consecuencias para los países menos avanzados serán devastadoras”, dijeron los responsables de la campaña de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Intermón Oxfam

He elegido esta declaración como comienzo, ya que los acontecimientos, experiencias, imágenes y sueños que se describen a lo largo de esta páginas tienen como telón de fondo las desigualdades de este mundo, las fortalezas para hacerlo mejor y las pequeñeces que siendo minúsculos acontecimientos permiten, que poco a poco pero sin interrupción, personas como yo y cualquiera de vosotros, lectores, se vayan apropiando de un mundo que parece que solo pertenece a los grandes y dominadores, políticos y jefes, héroes y vanidosos del poder. O para decirlo de otro modo, a las culturas dominantes y sus representantes – ya sean personas, grupos u organizaciones – que desde el manejo histórico del inconsciente colectivo parecen controlar sus beneficios políticos, económicos y sobre todo, personales.

Cuando decidí escribir un texto “guía” para que otras compañeras y compañeros siguieran un camino algo mas fácil del que a mí me toco recorrer, pensé que lo mejor era hacerlo fríamente, con datos estadísticos y un conjunto de metodologías apropiadas para asumir tareas de cooperación. Pero luego reflexioné acerca de lo bien que me hubiera venido en mis comienzos e incluso a lo largo de los seis años dedicados a estas tareas, si alguien me hubiera contado sus experiencias para avanzar, con mayor seguridad ante todo tipo de acontecimientos, que a mi me fueron sucediendo.

Es muy probable que ninguna experiencia ajena se pueda comparar con la propia. Sin embargo, creo que podría serle útil a muchos el poder recorrer, aunque sea con una rápida mirada, crónicas de viajes y aventuras ajenas, sabiendo que las propias, también pueden entrar en ese capítulo de la historia “sin importancia” de quienes quieren colaborar para hacer del nuestro, un mundo mejor. Por supuesto, una ambición altruista y demasiado grande para mujeres y hombres solos en tiempos como los que corren. Pero sin estas ambiciones ¿seria posible que tantas personas formen parte de estos ejércitos de solidarios sin más mochila que su voluntad y sus fuerzas personales?

Cuento por eso mis experiencias y aquellos acontecimientos que las indujeron. Pero también es importante lo que hay detrás de la realidad, aquello intangible, que como los sueños que tuve en épocas de mucha actividad afectiva, fueron apareciendo inducidos por algunas de esas experiencias. Tal vez las más fuertes y que por eso, dejaron su sello en imágenes, casi reales en mi subconsciente, fueron luego, convertidos en relatos. Esos sueños ¿mecanismos de defensa? que pertenecen no solo al subconsciente personal sino al inconsciente colectivo, que se forjan sobre los papeles - personajes que existen fuera del tiempo – que son parte de nosotros mismos, que creemos que queremos, o debemos protagonizar, no siempre por nosotros, sino por exigencias de “los otros”: hermanos, padres, maestros, jefes o cualquier figura que haya cumplido funciones determinantes y dominantes, en la vida de cada uno.


ACCIONES Y REACCIONES SOLIDARIAS

Como en un documental, he querido dejar las imágenes, que a lo largo y ancho de paisajes naturales, pero especialmente, humanos, se acumularon con el paso del tiempo y de los acontecimientos. Experiencias que pasaron sin pausa y sin tregua por la vida compartida con aquellos que me acompañaron durante ocho años.

Acontecimientos cuya razón de ser fueron procesos, forjados en contactos personales, en proyectos y sus resultados, con sus éxitos y sus fracasos.. También influyeron circunstancias y sucesos acontecidos durante ese lapso de tiempo, viajes al pasado en un presente que tiene mucho de no haber cambiado, y búsqueda de un futuro, que no se ve a corto plazo ni muy prometedor ni muy claro.

Para dar unidad narrativa, el hilo conductor de las experiencias que relato, es temporal y geográfico en la primera parte, y conceptual en la segunda. Pero su contenido se hace uniforme a través de las acciones tanto personales como profesionales y colectivas en las que he participado o con las que he convivido. Pero como tanto científicos como filósofos y políticos dicen que a toda acción corresponde una reacción, son ese par de fuerzas contrarias las que actúan de nexo de hechos y sucesos.

Con acciones y reacciones, no siempre expresadas explícitamente, pero que están en el trasfondo de los acontecimientos, pretendo encontrar la unidad en la variedad de situaciones, personas, casos y expresiones. Son textos y contextos, protagonistas y actores secundarios, que expresan su solidaridad colectiva a través de una realidad, que habla con voz propia. Y reunidos, a lo largo del texto, expresan la mecánica de unos actos que suceden más allá de la voluntad de sus protagonistas, enfrentándolos muchas veces, con situaciones que no siempre pueden analizar, o ser proyectadas más allá del espacio y el tiempo que ocupa el escenario de los acontecimientos.

Acciones y reacciones con sus circunstancias, son los espectáculos que mueven al mundo y provocan cambios, a veces esperados otras impensados. Reunidos estos como reseñas, podrían encontrar aquí las hipótesis y los argumentos que explicarían el porqué concuerdan ciertas reacciones o presiones individuales y colectivas, con determinadas acciones ejecutadas, olvidadas o voluntariamente omitidas. Descubriendo siempre, en el trasfondo de los sucesos, poderes manifiestos u ocultos que son motivos suficientes para que sucedan, historia tras historia, unos acontecimientos sociales.

El resto de contenidos que acompaña al texto, son sentimientos, acontecimientos, importantes también, porque a través de ellos han terminado filtrándose las imágenes de la memoria personal y colectiva, para hacer más comprensible y cercana su lectura. Lectura que refleja donde me encontré en cada momento y durante los seis años que muy rápido, se sucedieron uno tras otro. En una vorágine de acontecimientos, acciones y reacciones, personales y sociales, que gracias al recuerdo, a estos textos y a lecturas paralelas, tomé conciencia de su riqueza. Estas lecturas paralelas que quedan como huellas implícitas o explicitas, son la relación íntertextual que relaciona éste con otros textos. Por eso a veces palabras y contenidos textuales traen la originalidad que otro autor supo darle y que en este contexto son utilizados como referencia y una forma de filiación de quien esto escribe a unas ideas y pensamientos de otros que no niego, por el contrario, parece honesto reconocerlo.

Muchas de estas experiencias han sido el resultado de una complementariedad de tareas entre personas, grupos y comunidades locales en países donde se desarrollan propuestas. Otras son verdaderos sucesos que pueden compartir aquí, por derecho, un espacio

VIDAS PARALELAS, PODER Y NO PODER

Antes de comenzar con las aventuras, retrocederé hasta el lugar – o la acción - identificado como el que desencadenó esta “furia” por demostrarme a mí misma y a los demás que el mundo sí puede cambiarse sencillamente, por pequeñas raciones – reacciones - pero con resultados – reacciones - en algunos casos ambiciosos.

Los acontecimientos de la vida cotidiana y no tan cotidiana, no acontecen porque si. Se producen debido a que alguien los provoca con su devenir y con su forma de enfrentarse con los otros.. Por eso, deberíamos evitar el decir que “la culpa la tienen los otros”. Casi siempre nuestras acciones forman parte de un complejo entramado de circunstancias que definen acontecimientos y procesos. Porque lo que a mi me pasó antes de comenzar esa etapa de aventuras solidarias fue algo parecido a lo que le ocurre a los países y sociedades en desarrollo, que generan grandes recursos para que los beneficios sean de otros. Lo que a mi me sucedió[2], en pequeña o gran escala le sucede todos los días a esos países en que aparece como por arte de magia, “un gran aprovechador” de sus recursos. Sin saber cómo, terminan muchas veces apropiándose del producto de los menos fuertes - aunque no los más débiles -, utilizando algunas veces palabras convincentes y muchas veces, por que lo tienen, el poder para hacerlo.

Fue realmente esto lo que medio el espaldarazo, lo que me decidió iniciar una búsqueda de vidas paralelas, de gentes que con su trabajo, aseguran permanentemente beneficios, para sí mismos y tantas veces, más de lo deseable, para otros. Y un pensamiento rondaba mi cabeza: si puedes conseguir superar esta fase de tu vida, porque ellos no van a poder hacer lo mismo...Demostremos a los “poderosos” que no es tan fácil vencernos..... Porque “poder” es resultado de quienes lideran procesos de apropiación frente a quienes lideran por y para el beneficio común, en momentos e historias por todos compartidas.

Y así, sin más, me lancé a buscar ese diálogo entre pares, entre aquellos que han pasado por experiencias similares - aun cuando ellos tal vez no las tuvieran identificadas como yo, y a pesar de que sus vidas estuvieran separadas de la mía por distancias geográficas, culturales y personales. Tal vez solo tuviéramos en común ser protagonistas de algunas historias, pero cuántas vidas son paralelas hasta que sin saberlo discurren por caminos que confluyen.. Por eso fue el momento decisivo para comenzar con mi nuevo cometido. Y es que los acontecimientos de nuestras vidas tienen mucho que ver con hechos que no se esperan, y se viven tal como suceden, nunca imaginados. Pero luego se reviven como imágenes que filmadas y guardadas en nuestra memoria algo las desempolva para mostrarlas tal como sucedieron.

Incapaz de rechazar desafíos, o de amilanarme ante provocaciones, son estas precisamente las que me hacen renacer, como al ave fénix de sus cenizas. Aunque la realidad con su virulencia se imponga a los soñadores - y yo lo soy - de ese primer suceso “que me retó”a buscar otras ideas propias y otros actores para compartirlas - y posteriormente de situaciones conflictivas - resultaron los proyectos más importantes y que con mayor ímpetu enfrenté durante estos años. Los momentos de stress y actividad, son provechosos y fructíferos: es cuando todas las células cerebrales se ponen a punto para enfrentar cuerpo y mente ante nuevas hipótesis de trabajo y a los retos del conocimiento.

Y participar de experiencias ajenas, era un reto y un privilegio. Y un privilegio también es haber elegido este camino, ruta no marcada por circunstancias geográficas, personales, sociales o culturales. ya que nadie, me obligó a pasar ese escalón de la comodidad a la incomodidad o a la intranquilidad, que siempre da, lo que es aun desconocido. Así, sin más maletas que mi entusiasmo, dejé las comodidades cotidianas, para emprender ese viaje hacia un futuro común y compartido con los objetivos y las metas de otros.

Metas que deben tener por encima de todo, unos principios fundados en la honestidad la solidaridad y en el deseo de cambio. Me parece oportuno compartir aquí, una información casual, de un programa de TV. La noticia, versaba sobre de la instalación de redes de Internet sin hilos en varias aldeas rurales de la India con gran éxito de uso por los jóvenes, chicas y chicos de esas aldeas alejadas de las urbes. Porque esto me recordó las fuertes discusiones sobre “principios del desarrollo”, que se concretaban en cuales eran los proyectos “buenos y ordenados” para las comunidades pobres y los proyectos “no buenos” para esas mismas comunidades. - como la instalación de recursos que requieren mantenimiento, como el mantenimiento de la tecnología de los ordenadores, tinta de las impresoras colocando ciber cafés en aldeas como en la India - O ciertos juguetes mecánicos que podrían servir para hacer proyectos de educación vial para los chicos de zonas rurales, que cuando llegan a las ciudades, desde sus aldeas, se enfrentan con un verdadero conflicto porque nadie les ha contado o mostrado, de qué forma se deben enfrentar a estas situaciones de caos y stress urbano.

Y por eso aún sigo y seguiré preguntándome cuales son los principios que deben prevalecer en estas ocasiones en que se discute “qué debe y qué no debe” hacerse en países donde hay pobreza y escasez de recursos. Cuando se rechaza algo por que “es caro”(objetos) o porque “no va a ser aprovechado”(educación y capacitación), se podría estar negando el acceso a la felicidad y al progreso a quien se lo niega? Y utilizo en este caso “felicidad”, porque es una palabra que como desarrollo o derecho está apareciendo en las Constituciones de los países más ricos. Con esta concepción de los pobres y los ricos, no estamos negando también a una parte de ellos, el derecho a la felicidad? Si es así, deduzco que hay personas a las que otras por sus principios, le van a negar el acceso a todo tipo de objeto o educación que no sea de básica necesidad. Y habrá siempre otros, a los que les sobrarán recursos para tener varios objetos de lo mismo (juguetes, ordenadores) o niveles de educación especializada (Maestrías, PHD, Doctorados, etc.)

Así se escriben también las diferencias en realidades y sueños, y son responsables quienes creen que el concepto de la felicidad es diferente de un mundo a otro. O hay un mundo feliz y otro que no puede ni siquiera, tener imaginación o sueños de felicidad. Pero más triste es aún, si quienes escriben estas diferencias son las responsables de coordinar los proyectos, o son los que se niegan a recibir lo que estaba destinado a esos grupos, porque uno, escaso, es el mundo de los pobres y otro, distinto y abundante, el mundo de los ricos.

LA GEOGRAFÍA DE LAS EXPERIENCIAS

La geografía de las experiencias es la clave para llegar a apreciar las diferencias entre espacios y las circunstancias que me llevaron de aquí para allí, con las culturas que he compartido, de su riqueza ancestral ya que se trata en todos los casos de países con experiencias propias multilaterales y multiculturales.

Este es el lugar de los contrastes. No hay historias iguales, ni paisajes que puedan compararse, aunque sean parecidos. No hay tampoco personas que puedan ponerse frente a un espejo para reflejar similitudes. Todas las escenas que aparecen tienen contrastes, que paso a paso, fueron hilvanando esas historias de momentos distintos y de distintos seres, aunque en la variedad, una permanencia, la de mi presencia da estabilidad a los cambios y diferencias. Para qué, además, buscar comparaciones, si lo más excitante es vivir distinto, y sin notar que el tiempo recorre días, semanas y meses. Y también países, donde los contrastes son lo que recuerdo, ya que lo igual, lo he unido a mis experiencias y me lo he apropiado, por eso no lo distingo como ajeno.

Contrastes de palabras, que en cada país significan los mismo o distinto. A veces hay que tener cuidado de no decir palabras de las cuales tengas luego que arrepentirte o enrojecer. Para palabras originales, las cabinas traseras de las pick up (la picú), se llaman pailas en Honduras, como si de vasijas para el agua se tratara. Y cuidado con la palabra pisar que mejor no decirla en voz alta por estas tierras. Y otras como los nombres de las frutas que en cada geografía cambian tanto de nombre como de gusto y sabor. Y perdonen el atrevimiento y el cambio de geografía, y que me vaya a otro extremo del planeta. Pero la palabra comer en Jemere, idioma que hablan los camboyanos, –que Ángeles me pasó después de su experiencia en ese país - es muy simpática, ya que es ñam, igual a la que dicen los niños cuando tienen hambre: ñam, ñam. Tendrá algo que ver el Jemere con esa palabra y su gesto, el que hacen los pequeños cuando piden comida, llevándose la mano a la boca? Niños y niñas que llaman las y los güilas en Costa Rica. Como veis, allí no hacen distinción de género.

Contrastes de gentes que de un país a otro, cambian de idioma o color, de costumbres y culturas, de religión y de deidades. Pero en esta variedad, si distingo una constante, porque si hay algo permanente e inmanente es la mirada de todos, que más allá de las diferencias, dice que iguales son sus necesidades, sus valores y sus derechos, aunque vivan más allá de los caminos, donde llegar se hace cada vez más difícil y lejano.

Contrastes de acciones y reacciones frente al trabajo y la colaboración externa. Hubo personas que juntos y en equipo, demostraron que lo principal, era su gente, que cuanto más reforzáramos nuestra cooperación, más interesantes iban a ser el impacto, en materia de resultados, esfuerzos y continuidad de la experiencia. Como las gentes de Esmeraldas, verdadero ejemplo de esfuerzo compartido, imaginación y camaradería, acciones y reacciones solidarias. A pesar de que durante los primeros tiempos hubo los necesarios enfrentamientos de protagonistas y sus personalidades, para acomodar métodos y tiempos, que con afecto y reconocimiento se limaron hasta convertirlos en amistad, afecto y sobre todo, impactos positivos para gentes y comunidades.

1999-2000

El Mitch fue la primera experiencia a finales del año 1998. Llegué a Honduras con un país destruido casi sin remedio y con gentes mirando el vacío donde antes se levantaban sus casas, sus escuelas, sus hospitales y sus espacios de vida cotidiana. Media ciudad, destruida y la otra mitad de espaldas al siniestro. No se puede desde esta distancia hacer críticas, ya que los que llegamos lo hicimos por deseo de colaborar. Pero sorprende bastante la forma en que los habitantes más potentes de estos países dan las espalda a los sucesos terribles que acogen a sus conciudadanos. Son los jóvenes los que se vuelcan a prestar ayuda, sin que les preocupen peligros y el propio siniestro. Pero no recuerdo ninguna contribución rápida de los más poderosos, de los más ricos, de los más fuertes, casi todos ellos viviendo en alturas seguras y en espacios casi perfectos a pesar de los huracanes y circunstancias adversas.

Una de las fotos que tomé de Tegucigalpa antes de partir a finales del año 1999, fue junto a una querida amiga que aun conservo después de tantos años, el borde de aquello que fue ciudad y que quedó completamente descarnado por las aguas que lo arrasaron todo.

2000-2002

Costa Rica es un espacio complejo en la región, si llegas pensando en que vas a trabajar para enfrentarte con la pobreza y las desigualdades. Los pobres donde están? Sí. Están en zonas muy concretas y en espacios urbanos marginales, pero la pobreza que se extiende por los vecinos países que posteriormente tuve la oportunidad de visitar, Nicaragua, Guatemala, desde luego no es ni la misma, ni se puede remotamente comparar. Este país ha gozado de circunstancias beneficiosas, debido probablemente a su situación estratégica entre Nicaragua, El Salvador y Guatemala y ha gozado por esto y por algunos de sus políticos claros, (que desarmaron el ejército nacional en el año 1949) de una paz que le ha permitido crecer, desarrollarse equilibradamente, crear universidades y escuelas donde la educación llega a toda la población y establecer un proceso estratégico para su desarrollo basado en el turismo ecológico, con sus más de 100 espacios protegidos, cuidados, verdes y exuberantes.

Mi misión era coordinar el trabajo de jóvenes voluntarios trabajando en el Triángulo de Solidaridad, un proyecto del gobierno con el que se pretendía llegar a todos los rincones más necesitados del país, con proyectos y soluciones compartidas en un triángulo: Estado y socios estratégicos, Municipio, Comunidad.

Tuve también la suerte de poder participar en las fases previas del Plan Nacional de Ordenación que además de permitirme conocer a más de 100 excelentes profesionales, me facilitó el camino para conocer, hasta sus más profundas entrañas, al pequeño gran país, a sus habitantes y a sus bellezas naturales..

Nicaragua. Nunca antes de mi misión en Costa Rica había pisado suelo nicaragüense. La oportunidad vino de la mano de una propuesta de proyecto binacional que se gestionaba en UNDP, entre Costa Rica y Nicaragua, y aprovechando vínculos ya establecidos, tuve dos excelentes ocasiones para conocerla. La primera como parte del proyecto binacional en un viaje a León. La segunda, para plantear una propuesta entre mujeres de ambos países, que lamentablemente (desconozco los motivos institucionales) no pudo salir adelante. Cumpliendo con la promesa que me había hecho antes, de visitar Granada.

Guatemala, diciembre de 2001. También tuve la oportunidad de trabajar en Guatemala, para compartir con algunos de mis compañeros el monitoreo de un proyecto de más de 30 voluntarios universitarios que acogidos en varios municipios daban apoyo técnico con su trabajo. Complementariamente desarrollaban una experiencia práctica para la escritura de sus tesis de grado como estudiantes de los últimos cursos de la Universidad San Carlos de Guatemala.

2002-2004

Estos años fueron tal vez los más intensos en experiencias y en materiales recogidos por mi memoria, personal y colectiva. Tal vez porque fue el proyecto más directamente trabajado por mi y por el equipo que en Esmeraldas coordinaba en nombre del Voluntariado de las Naciones Unidas[3]. Esta experiencia es muy profunda y contrasta con las anteriores, en las que formaba parte de un proyecto con estructura y recursos, donde había coordinadores externos, y logística suficiente (vehículos, conductores, dinero, etc.). La inmersión en este proyecto es, probablemente, lo que me permitió salir airosa de las muchas circunstancias adversas emanadas de las propias características de un proyecto que con escasos recursos iniciales, debía promover “buenas prácticas o proyectos demostrativos” con voluntariado urbano, con el apoyo logístico municipal y los recursos que se pudieran conseguir gracias a las gestiones de cada uno de los que participábamos en el equipo, incluido el municipio (no siempre posible, dada su vacío financiero y aunque siempre bien dispuesto a apoyar).

Pero con ganas, fuerza y con energía salimos adelante y logramos, entre todos, que se desarrollaran tantos proyectos que ni siquiera nosotros mismos llegábamos a creerlo[4]. Y probablemente debido a este gran esfuerzo, surgieron desde ahí, muchos de los cuentos que se desarrollan más adelante.

Agosto del 2003, viaje a Jamaica. Este viaje fue parte del trabajo que me correspondía como asesora de la oficina global de SICV, ya que nuestro proyecto se desarrollaba también en Jamaica y como veréis un poco más adelante en el Yemen. Jamaica es una pequeña isla, que para muchos es turismo y para los de adentro es supervivencia. Cuando los países ricos envían grupos a estas zonas de la tierra, que están llenas de riqueza natral, de pobreza en sus habitantes y de hoteles de lujo que no reflejan nunca la realidad de cada país, estamos compartiendo con mucha suerte por nuestro lado, con un tiempo histórico muy distinto. El de personas al que apenas les alcanza el día a día para sobrevivir y llegan al día siguiente para recomenzar con esta forma tan poco sostenible de supervivencia, y que sin embargo, siguen generación tras generación sin aparentes sorpresas ni demasiados avances en sus formas de enfrentarse con las mutaciones del mundo que los rodea (aviones llenos de turistas que se descuelgan año a año por sus playas y hoteles).

Octubre - Noviembre de 2003. Viaje a Bolivia para trabajar en el Módulo de Capacitación para Jóvenes Voluntarios. La experiencia trascendió al trabajo ya que poco después de llegar al país, precisamente a El Alto, donde se encuentra el aeropuerto de La Paz, a casi 4000 metros de altura, estalló la rebelión provocada por una situación política y unas condiciones sociales históricamente insostenibles en ese país. Convivimos con la muerte a nuestro alrededor, sin que nadie se levantara durante muchas horas para defender a los que con razón, reivindicaban la propiedad de sus recursos energéticos, siempre intermediados por otros, aquellos denominados los poderosos. Esa experiencia fue enriquecida por muchos amigos que se crearon en unas condiciones casi de encierro. Lo más complejo y profundo, fue compartir la experiencia de las adopciones de Bolivia, un tema que nunca podré superar aun cuando los niños que salían en brazos de las parejas y familias europeas, parecían muy sanos, lustrosos y realmente felices.

Junio del 2004, viaje al Yemen. Igual que en el caso de Jamaica, el Yemen fue parte de la experiencia del mismo proyecto. Y fue profunda y muy distinta a las anteriores. Cada uno de nosotros, inevitablemente tiene sus características culturales asumidas, y aun cuando hayas leído y te hayas apropiado de las formas ajenas y lejanas, el encuentro con éstas, tan diferentes es un salto no solo en el espacio, sino, especialmente en el tiempo. Llegar al Yemen en la noche sin visado ya fue toda una odisea. Pero finalmente pude salir de Quito con retraso pero con las ganas de identificarme, hasta donde me lo permitiera razonamiento y sentimiento, con gentes y lugares.

Diciembre 2005 – julio 2006, República Dominicana. Este país, caliente por caribeño, ha sido la experiencia que me faltaba para saber que la gente en su vivencia cotidiana siempre busca más allá de un horizonte conocido. Por eso saber que no puedes ir más allá de tu calle o de tu plaza es igual que estar en una jaula, que no siempre es de oro. Y es motivo también, de vida o de muerte, de gentes de muchas tierras si intentan saltar la valla o, como en este caso, pasar un mar que no por caliente deja de ser bravío.

Otros espacios geográficos en Latinoamérica. Menos importantes, por su contenido académico, logístico o personal, son las visitas a Chile, Perú y Bolivia para representar al proyecto o para dar capacitaciones a las instituciones interesadas en reproducir la experiencia que veníamos desarrollando en Ecuador. Pero sirvieron para conocer gentes y experiencias, que agradezco haber encontrado, verdaderas luchas por el cambio, que sin ellos y sus ideales, nunca hubiera llegado a revelarse.

¿Cuántas personas me escriben desde estos países y recorridos? A veces recibo mensajes que ni recuerdo de qué rincones son y eso me parece maravilloso, conservar a mis amigos después de tantos años y kilómetros avanzados. No se trata solo de la satisfacción de comunicarme con personas que me recuerdan buenos momentos, es que los buenos momentos retornan una y otra vez a través de sus palabras, de gestos recordados, de frases ya olvidadas. Hay una canción que dice “partir es morir un poco”. Para mí, no es así, partir es ganar un mundo de espacios lejanos, un mundo de recuerdos personales, de afectos reencontrados cada día que releo estas palabras que escribo. En las que influyeron tierras y personas, climas y ambientes, pero hay algunas, las que relato, que la memoria no ha abandonado al olvido. Serán las más importantes, serán las más entrañables. O serán las que me permite la capacidad de almacenaje que mi mente y mi cuerpo han desarrollado para dar lugar a tanta variedad de experiencias vividas.





































EPÍLOGO

Regresé de Ecuador a España hacia finales del año 2004. Una ONG solicitaba un arquitecto/a voluntario/a para ejecutar trabajos en un país de Asia y envié mi currículum vitae. La respuesta de la persona con la que tuve el primer contacto fue que si bien mis antecedentes eran muy interesantes mi perfil no se adaptaba, ya que era muy alto para el puesto: una ONG pequeña, con proyectos de muy bajo costo, autogestionados, etc. Y que las misiones en las que yo había participado tenían un perfil demasiado alto, tanto de presupuesto como de logística y de contexto institucional. Eso fue por lo menos lo que deduje de sus palabras, que no repito textualmente.

Me sorprendió esa respuesta ya que no había pensado en eso del perfil del voluntario o cooperante por la misión cumplida, o la organización a la que se ha pertenecido. Siempre había pensado que un perfil profesional determinado era más importante que tus antecedentes institucionales o el presupuesto de los proyectos que habías ejecutado.

Lo curioso, es que estas frases dichas con buena voluntad, aunque con desconocimiento, y por la que resultó posteriormente una buena amiga, se hayan repetido en más de una ocasión. Aunque no se pueda generalizar, tengo varios casos bastante ejemplificadores de cómo las organizaciones utilizan voluntarios para reforzar recursos de bajo perfil y los de alto, mi caso, deben “resignarse” a trabajar por contrato y con remuneración, o bien, en aquellas organizaciones que no teman que la competencia entre los voluntarios que no están remunerados o reciben menos, y sus especialistas que cobran más, deje en peor lugar a estos últimos que a los primeros.

Pero salvando distancias, esto fue lo que me hizo pensar en los diferentes trajes que usan los que salen de su país para desarrollar trabajos y misiones cortas o largas, voluntarios, cooperantes, consultores) desde el traje oscuro con corbata hasta los trajes más duros de fajina. Y es que efectivamente hay los que llevan traje oscuro, que ocupan puestos en organizaciones internacionales, que son Ofíciales de Programa y que se sientan detrás de una mesa llena de papeles e informes. Y otros que se manchan las manos, y rompen su traje de fajina, haciendo la mezcla para construir una vivienda rural, mueren en las misiones humanitarias y vuelan en helicópteros bajo el fuego cruzado, como le sucedió a mis amigos que acudieron en el año 1999 a las elecciones de Tímor Oriental.

Estos trajes, implican también tratamientos, expectativas y remuneraciones, cuando las hay, muy distintas. Objetivos distintos? Probablemente también y experiencias personales distintas. Las experiencias con traje de fajina son por lo general, muy ricas, en situaciones complejas y a veces peligrosas. Pero su resultado será siempre positivo, a pesar de su carga y complejidad. Y la memoria de ese voluntario estará cargada para siempre de las experiencias vividas en el campo de batalla, ya sea la batalla social, política o bajo un fuego real.

Los de corbata, ascienden muchas veces, aunque no se pueda generalizar ni garantizar, a consultores por su propia gracia o por la gracia de muchos de sus jefes. Y otros - los que por diferentes razones personales y familiares, son elegidos por estar muy cercanos a altos responsables de las instituciones donantes o a las que pertenecen - dan con esto fe de que la solidaridad internacional, aun tiene muchas sombras que apartar y que no por ser voluntario ya has demostrado que eres una persona solidaria o que has pasado la frontera de lo que te van a exigir cuando llegues - tal vez tú lo crees así - al Purgatorio de Dante. Y con ese trabajo de voluntario, te vas a limpiar por completo, de los siete pecados capitales y terrenales[5] de los que se abusa y acusa, especialmente, a los países desarrollados. Donde lo que sobra sería más que suficiente para ayudar a salir adelante a muchos de los países en desarrollo a los que se acude en ayuda de comunidades y organizaciones locales.

Estas imágenes no deben asustar a nadie que quiera ponerse el traje que le toque en suerte. Es potestad de cada uno ponerse o quitarse lo que le entregan. Si te entregan un traje oscuro, puedes cambiarlo por uno de fajina, ya que en los espacios en los que el voluntario por lo general actúa, siempre existen lugares donde no se puede acudir ni con corbata ni con zapatos femeninos. Las botas, los chubasqueros y los pantalones vaqueros son la mejor compañía en la mochila de cualquiera aunque luego le agregues tus implementos de limpieza y de arreglo personal además del kit de medicinas y pastillas para los dolores de cabeza y la diarrea.

Y debería agradecer desde aquí a quien me facilitó estas ideas, con sus comentarios algunos oportunos, aunque es mi opinión que nadie debería quedar fuera de ninguna misión para la que está preparado, y así lo ha demostrado, por razones que no sean de índole profesional o en algún caso, muy personal.

Tal vez es por la variedad de trajes experimentados, que a mi regreso de los seis años cambiaran mis gustos por la ropa, muestrario que no siempre demuestra el poder adquisitivo de quien la lleva puesta. Nunca fui muy exigente para el vestido, pero si me gustaba llevar de esa ropa que en el extranjero, llaman “española” : dicen por ahí que las españolas son elegantes. Desde mi regreso, me pongo ropa muy sencilla y sin pretensiones, es como si al cuerpo se me hubieran pegado la falta de todo que tienen algunos y hubiera expulsado el exceso que tienen otros. Parecería que mi cuerpo no tolera los gustos que van más allá de lo necesario, para no pasar frío en invierno y estar cómoda en verano. Reconozco en mi persona en este momento, que los trajes de voluntario más cómodos, son aquellos que te permiten acercarte a alguien sin que esa persona establezca diferencias entre tú y él. Entre sus necesidades, sus gustos, sus posibilidades y las tuyas. Los trajes de voluntario no deberían mostrar diferencias, sino igualdades. Ya que es voluntario, quien piensa y siente que es igual al que tiene enfrente, que está junto a él o ella, y por eso se acompañan para hacer juntos lo que separados no es posible. Igualdad, comodidad, limpieza a pesar de calores y tormentas. Ese es el traje con el que regresas, puesto para siempre y que será tu ropa preferida pasen los tiempos que pasen, aunque hayas regresado y ya no vuelvas a repetir la experiencia.


[1] Página web de: Intermon-Oxfam. Marta Arias, responsable de la campaña de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Marisa Kohan, gabinete de prensa.
[2] Y que dio origen a la alegoría del árbol con que comienzo este texto.
[3] Ciudades Solidarias, Apoyo al Voluntariado en las Ciudades.
[4] Ver dossier y fotos al final del libro
[5] De La Divina Comedia de Dante Alighieri, soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria.

La escritura del desplazamiento y la ilusion, Sylvia Molloy

Mucho quisiera que estuvieses aquí. Quisiera que me mostraras las cosas, las vería mejor contigo. Temo verlas de pasada, o al revés. Porque, entre otros méritos, tú sabes hacer ver. Roger Caillois, Carta a Victoria Ocampo


Todo viaje es, en principio, dislocación, exilio, desplazamiento. Se deja un lugar conocido, seguro, para entrar en un lugar nuevo, acaso a la larga decepcionante (se espera demasiado de él), pero, en el momento en que se emprende el viaje, tentador. Ese lugar otro, que se concibe espacialmente, está también marcado por un tiempo distinto: otro ritmo afecta al viajero durante el desplazamiento, lo descoloca, lo desorienta, y esa desorientación persiste aun después de concluido el viaje. No sólo vuelve distinto el que se ha ido, vuelve a un espacio y a un tiempo distintos, ya que el viaje nos hace ver el lugar al que volvemos, y que creíamos permanentemente igual a sí mismo, con otros ojos.
Como todo género que se quiere referencial -es decir que convence al lector de que lo que lee es la transposición "directa" de una supuesta realidad-, el relato de viaje trabaja con una quimera, la de simular su inmediatez. El viajero nos "hace ver", nos interpela, nos invita a compartir experiencias, solicita nuestra identificación. Lo que le ha pasado a él puede pasarnos a nosotros, o más bien, nos está pasando a nosotros . "Póngase V. conmigo a bordo de la Rose , que ya vamos llegando a Francia", escribía Sarmiento en su viaje a Europa. El yo itinerante acude al lector cómplice, el que "viaja" con él y reconoce aquello que describe, es decir, sabe "ver junto" con él. Esa segunda persona a la que se dirige el yo viajero es, habitualmente, el que se queda atrás, el que no tiene acceso a la novedad que percibe el viajero salvo por intermedio de lo que éste le escribe. Esa segunda persona sedentaria, figura de autoridad en las empresas colonizadoras (así el soberano en las crónicas de la conquista), pasa a ser, en la modernidad, persona colectiva: es la comunidad de los que no han viajado y que buscan, en relatos de viaje publicados a menudo como crónicas periodísticas, lo nuevo, la noticia, y el placer vicario del "como si".
Lo antedicho es típico, en general, del relato de viaje y de quien lo escribe. Y como toda generalidad, tiene sus notables excepciones. Advertí esto al pensar en Victoria Ocampo, al querer determinar qué caracterizaba sus viajes, al darme cuenta de cómo, a menudo, sus escritos cuestionaban la modalidad habitual del género. Victoria, podría decirse, viaja de otra manera. Elucidar esa diferencia es el propósito de las páginas que siguen.
La función pedagógica que cumple el texto de viaje es necesariamente una función informativa, documental. Al lector/interlocutor se le enseña a conocer el lugar, la ciudad, a entender el encuentro, el evento narrado. Pero en Ocampo hay poca descripción del lugar en sí, pocas indicaciones espaciales, poco paisajismo. Sus relatos de viaje son, en general, curiosamente estáticos: se describe menos el traslado que el estar allí . Declarándose inepta para tomar notas, escribe: "[U]na fatalidad parece perseguirme. Jamás he apuntado en ellas nada utilizable o interesante. En cuanto no me dirijo a alguien (como en las cartas), en cuanto no tengo mentalmente un interlocutor para contarle lo que veo, siento, observo, pienso, las palabras se me marchitan". De ahí que el relato de viaje se dé tan a menudo en Victoria Ocampo como carta, ya sea explícita o implícitamente. De ahí también que su pedagogía, si cabe el término, sea otra que la de muchos viajeros. No se propone compartir una mirada turística. Si bien se da a ver, procura, sobre todo, dar a pensar.
Victoria Ocampo lleva el viaje en la sangre. Desde los viajes políticos de sus antepasados hombres de Estado -como el bisabuelo Aguirre que viaja a Estados Unidos a pedir el reconocimiento de la nación independiente- hasta los viajes ilustrados o mundanos de los miembros de su clase, el viaje es parte de su herencia, una herencia de la que se hace cargo con creces, revitalizándola. La vida de Victoria Ocampo es una vida pautada por el desplazamiento entre lugares que pronto resultan familiares. Así los desplazamientos entre múltiples viviendas, múltiples hogares, la casona de la calle Viamonte, Villa Ocampo en San Isidro, la casa de Palermo Chico, la de Mar del Plata y, casi sin solución de continuidad, el Hotel Majestic de París, o el Meurice, o el apartamento de la rue Raynouard, o de la avenida Malakoff, o el Hotel de La Trémoille, o el Sherry Netherlands o el Waldorf Astoria en Nueva York; y, concomitantemente, los desplazamientos entre múltiples lenguas, literaturas, entre culturas. "La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren", observa Francis de Croisset. En el caso de Victoria, podría decirse que la lectura es tomar el tren. Se pasa de un lugar a otro como se pasa de una lengua a otra, sin aparente esfuerzo: se está (o se cree estar) siempre at home , chez soi , en casa, y -sin que esto signifique contradicción- siempre a punto de partir: "El mundo entero es mi dominio y me siento en casa tanto en New York como en Londres. Necesito toda la tierra", escribe Ocampo en una carta inédita citada por Beatriz Sarlo. Si la ilusión del viajero baudelairiano era viajar "al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo", los viajes de Ocampo son menos viajes de descubrimiento que de comprobación: esto que veo es (o no es) como me lo contaron, o como lo había imaginado a partir de mis lecturas. A pesar de no haber estado aquí nunca, conozco (o creo conocer) el lugar. Más que de relatos de viaje podría hablarse, dando un giro positivo al término que ella misma usa jocosamente, de "testimonios de desparramo".
Primeros viajes: Europa como lugar propio
El primer viaje que registra Ocampo en sus escritos, el primero de muchos, es el viaje de la familia a Europa en 1896, cuyos recuerdos anota, sabiamente descosidos, en El archipiélago . Podría objetarse que, en este caso, no es del todo exacto hablar de viaje, como acaso tampoco lo sería para referirse al siguiente, de 1908 a 1910. En ambas ocasiones la familia se desplaza a Europa, sí, pero menos con la intención de viajar que con la de quedarse por largo tiempo, uno o dos años. El viaje es más un paulatino traslado, un lento pasar de una existencia a otra, un acostumbrarse a un aquí sin desacostumbrarse del todo del allá.
Al hablar de ese primer viaje recalca Ocampo, en términos infantiles, esa voluntad de continuidad: "Vamos a irnos. Yo no quiero despedirme". Despedirse es reconocer una separación, aceptar la naturaleza traumática del inicio de todo viaje, y a Victoria no le gusta despedirse, marcar cortes. Lo mismo ocurre cuando regresa de ese viaje: en lugar de saludar a las tías queridas de quien, un año antes, no se había querido despedir, finge el hábito: "Me preguntan si estoy contenta de estar de vuelta. Contesto: ´¿Puedo tomar agua con panal?´ No se me han olvidado los panales blancos, con gusto a limón y azúcar". El traslado se ha efectuado con toda naturalidad y no hay extrañeza, se vuelve a la costumbre, tanto más entrañable cuanto trivial. O por lo menos así lo recuerda muchos años más tarde la adulta, quien presenta este primer viaje infantil como una fiesta perpetua. Cuando su madrina le pregunta qué quiere llevarse como recuerdo de París, contesta, con la naturaleza de una chica de 10 años, que quiere un anillo con rubí de Cartier o, en su defecto, una fotografía de la Place de la Concorde. And yet , and yet ... pese a que quiere recordar ese temprano traslado como un continuum , un detalle revela que sí hubo desencanto, por lo menos desajuste: la calle Florida, que recordaba ancha, es, en realidad, estrecha. El incidente permanece suficientemente grabado en la memoria de Ocampo para que vuelva a él, muchos años después, en una charla recogida en un testimonio tardío: "´¿Ésta es la calle Florida? Pero no era tan angosta antes´. Me contestaron que así de angosta había sido siempre. Por lo visto, mi cariño la había transformado en algo que podía competir con los Champs Elysées".
El segundo viaje a Europa de Ocampo es referido en las "Cartas a Delfina", dirigidas a Delfina Bunge, y el tenor es muy distinto. Explican en parte esa diferencia el momento de composición del texto y el cambio de destinatario. Si el viaje de 1896 consistía en recuerdos rescatados por una adulta, más de medio siglo más tarde, para un público amplio que lee su autobiografía, el viaje de 1908-1910 se registra en cartas a una interlocutora privilegiada, Delfina Bunge, la amiga querida que se ha quedado atrás en Buenos Aires y que también es la admirada "chica mayor" (y escritora en ciernes) a la que se quiere impresionar. La escritura es, como la de toda carta que narra un viaje, casi simultánea a la experiencia. El género epistolar plasma esa inmediatez, permite expresar una sentimentalidad -cariño, añoranza, tristeza- que no siempre aparece cuando se recurre a otro género. La nostalgia aparece como motor central de la escritura, se adivina incluso antes de que se inicie el viaje: "Tal vez hagamos un viaje a Europa en noviembre. París. [...] ¡Viajar! Ha de ser triste. Me encariño demasiado con lo que me rodea. [...] Creo que no se puede viajar sin pagar en moneda de nostalgias". Ese sentido de falta que no llega a llenar es el precio del viaje: "Me gusta París. Pero te escribo para hablarte de mi nostalgia de Buenos Aires". Si bien el viaje es aquí noticia, no recuerdo -se cuentan las nuevas actividades en París, los cursos en el Collège de France, los retratos que le hace Helleu, el viaje a Roma, la vacación en Escocia con los tíos Urquiza-, coexiste el descubrimiento del aquí con la conciencia de la falta del allá : "Ahora extraño el sol, el cielo de mi tierra. Por primera vez comprendo que la tierra donde hemos nacido nos tiene atados. Quiero a América". El trauma de la separación, borrado del recuerdo del primer viaje, queda registrado en estas cartas. El continuum es reemplazado por la oscilación entre dos polos: por un lado, la Argentina; por el otro, Europa, es decir, por sobre todo, Francia.
El género al que recurre Ocampo para narrar estos dos viajes tempranos -autobiografía y carta- lleva a la reflexión sobre la forma del relato de viaje en Ocampo. A diferencia de muchos cultores del género -pongamos por caso los grandes viajeros decimonónicos como Sarmiento, que hacen del relato de viaje un ejercicio pedagógico, o los cronistas del siglo XX, muchos de ellos periodistas, que refieren la aventura como divertimento-, Ocampo no se limita a una sola manera de contar sus viajes. Podría decirse que el viaje toca todo lo que escribe, que su obra, como bien lo ve Beatriz Sarlo, es toda ella una traslación y que, al narrar un viaje, Ocampo se está narrando a ella misma. El uso de la primera persona, tan necesario para lograr la adhesión del lector en los relatos de viaje, es aquí múltiplemente fecundo: narro este viaje en primera persona para convocar a un tú lector que me acompaña y ve conmigo, pero también narro en primera persona porque el viaje es parte integral de mi persona, es ejercicio de autofiguración y de autoconocimiento. Ya testimonio, ya relato de vida, ya correspondencia, el viaje me permite ser.

Del articulo:
http://www.lanacion.com.ar/1290940-la-escritura-del-desplazamiento-y-la-ilusion

LA COLOR NO LE PERMITE*
Tanya Tynjala
El Famoso escritor peruano Don Ricardo Palma dijo una vez refiriéndose a sus compatriotas: “el que no tiene de Inga, tiene de Mandinga” y con mucha razón. Yo creo que esta frase se aplica a la mayoría de los latinoamericanos: somos tan mestizos que, aunque no todos estamos para pedir miguitas de ternura, muchos llevamos casi todas las razas sobre la piel.
Por ejemplo yo sé que de parte de padre, tengo sangre escocesa, portuguesa e indígena de la selva amazónica. De parte de madre tengo sangre, española, árabe, indígena de la sierra peruana, y aunque mi madre se empecine en negarlo, africana. Imagínense mis hijas, la mayor con además sangre catalana, napolitana y normanda y la segunda con pura sangre finlandesa.
En mi caso, mi tipo me hace pasar por casi de todo. En Pekín unos chinos me dijeron que yo parecía china (de la provincia de no sé qué, para ser más específicos), en Finlandia un amigo Iraní me dijo que parecía egipcia y en mis clases de bollywood una vez unas hindúes se asombraron que la profesora me hablara en inglés. Ella riendo les aclaró “Es que no es de la India” y las chicas estaban asombradísimas, pues me creyeron una paisana.
Lo que me seguía pareciendo raro hasta ahora es que en San Petersburgo (y en Finlandia también) me creyeran rusa (sobre todo cuando quién te habla en “su idioma” es una rubia impresionantemente alta) Pero ahora que estoy en Filipinas y veo a muchas personas de uno de los tantos “Tanes” en que se ha convertido la antigua Unión Soviética, ya no me parece tan descabellado. Sí pues, podría pasar de por allí.
Ahora bien, este tipo aparentemente camaleónico, causa diversas reacciones según donde me encuentre. Por ejemplo, para más detalles, en San Petersburgo no solo me creían rusa, sino PROSTITUTA rusa. Mi marido fue para una conferencia y o lo acompañé. No bien instalados en el cuarto de hotel, llamaron por teléfono. Mi marido contestó y lo vi asombrado decir que “NO”. Le pregunté qué había pasado y me respondió que alguien le había preguntado si quería conocer una “Biutiful ruchian girl”, así, con todo empacho. Lo gracioso es que cuando esa noche regresamos de cenar, el portero del hotel me miró de pies a cabeza, despectivamente. Yo le comenté a mi marido que seguro él le había propuesto la “biutiful ruchian girl” y al verme pensó: “¡la que yo le estaba proponiendo es mucho mejor que ésta!”
Cuando en Francia iba a comprar algo o preguntar por algún servicio, la primera reacción era también mirarme de pies a cabeza y preguntarme “¿Es usted marroquí?” o “¿Tunecina?”. En este caso lo que me llamaba la atención era el hecho de que esa cara de desprecio se convirtiera en una inmensa sonrisa cuando decía que era peruana: “¡Perú! ¡Machu Picchu, Mayas, samba, tango!” (Porque hay que decir que para el pobre europeo “promedio” todo da igual). Es decir que se daba una situación de racismo selectivo. Sí, también se me confunde con fácilmente con árabe. Inclusive muchos me hablaban en su idioma cuando vivía en París. Entonces, si el color de piel es el mismo ¿qué hacía aceptable a la latinoamericana? Me atrevo a decir que factores económicos y sociales más que un verdadero racismo. En los años 80 el árabe emigraba para trabajar y por ese motivo se le acusaba de causar desempleo, en cambio al latinoamericano no le era tan fácil emigrar y por consiguiente no había muchos, todavía resultábamos exóticos. Supongo que si en vez de Francia me hubiese encontrado en España, la cosa habrá sido diferente.
Algo de eso probé cuando fui de vacaciones a la Cataluña española. En este caso curiosamente me creían española, específicamente andaluza. Cuando entraba a alguna tienda y pedía el precio de algo, volvían a mirarme con desprecio y me contestaban en catalán. Como entendía el idioma yo les seguía la conversación en español. Eso es algo muy común en Cataluña, lo que no es muy común es que en medio del discurso cambien al español. Eso lo hacían en cuanto se daban cuenta de mi acento. Es decir cuando comprobaban de que no era andaluza. No voy a detenerme en los problemas sociopolíticos de España. Solo pongo esto como ejemplo para mostrar que en ambos casos la reacción aparentemente racista era causada por algo más que el color de la piel. Una vez comprobado que a pesar de mi apariencia, no formaba parte del grupo que “molestaba”, la actitud cambiaba.
Es evidente que el grupo de poder rige las reglas de la sociedad. En el racismo también. Lo que me ha enseñado la experiencia de ser camaleónica es que esas reglas son relativas y por lo tanto absurdas. Como lo dije en los ejemplos anteriores: no molestaba realmente el color de mi piel tanto como al grupo al que pertenecía.
Inclusive la noción de “color” es relativa. Por ejemplo, cuando vivía en Perú, la mirada de desprecio venía muchas veces de mis propios compatriotas y por verme bien “peruana”. Era muy común que cuando íbamos a algún evento o a comer a el restaurante de moda, las señoritas de “buena presencia” (espantosa frase utilizada comúnmente en los anuncios de empleo y que significa “lo más blanca posible”) me miraran de pies a cabeza. Casi se podía leer en esa mirada la pregunta “¿Y esta india qué hace con semejante gringo?”. Y no es que mi marido parezca un actor de Hollywood, pero su metro ochenta se le nota más cuando sale conmigo, que solo mido 1.60m. Muchas veces me tuve que controlar para no contestarles “¿Y saben qué? Soy 5 años mayor que él. ¡Cómo te quedó el ojo!” El racismo en Latinoamérica me parece intolerable, justamente porque todos tenemos o de Inga o de Mandinga. Esas “señoritas” ni siquiera se preguntaban si era inteligente o muy buena persona. Simplemente consideraban insoportable la idea de haberme casado con un nórdico.
Ya ni cuento a la “amiga” que fue a visitarme luego de nacer mi hija y me dijera como un gran cumplido “No parece tuya”. Es decir que era demasiado blanca para ser mi hija. En Perú se habla de “mejorar la raza” cuando alguien se casa con un blanco. Y yo que justamente considero que la belleza de mis hijas radica en su mestizaje, en verse exóticas estén donde estén. Y por otro lado pienso en la cantidad de enfermedades genéticas de las que nos hemos librado por no tener una sangre “pura”. Hay que preguntarse quién mejoró la raza de quién.
Aquí en Filipinas, una vez más, me creen local. Lo curioso es que si en Perú mis rasgos me hacían estar entre la parte “baja” de la sociedad, aquí es todo lo contrario. Mis pómulos salientes y mis ojos almendrados delatan mi sangre india (sin embargo yo considero que son de mis rasgos más atractivos). Pero almendrados o no, tengo buenos párpados, lo que significa en Asia que tengo sangre europea. Entonces pues aquí paso por una filipina de clase alta, mestiza con sangre española. Soy la misma persona, pero según donde me encuentre, no se me percibe de la misma manera.
Eso es lo absurdo del racismo: su relatividad. Según en qué parte del globo se me encuentre soy más o menos “blanca”. Porque ése pareciera ser el ideal de belleza al que se aspira: blanco, rubio y de ojos azules. Y por esa razón, estos países abundan las lociones blanqueadoras, muchas de las cuales se ha comprobado que causan cáncer a la piel. Y ni hablar de las absurdas ideas de que tal o cual mancha en el cuerpo o rasgo especial delata la pertenencia a la raza “superior” o “inferior”. En Perú por ejemplo la gente llega a verdaderas guerras para probarle al vecino que tiene la gota de sangre extra que lo convierte en más blanco que él.
Pero no se crea que el racismo sea exclusividad de la raza blanca. Curiosamente las personas más racistas que me haya encontrado no pertenecen a ese color. En Francia viví por un buen tiempo en una pensión en donde había de todo: algunas europeas, “beurettes” (hijas de inmigrantes de origen magrebí), antillanas y algunas chicas de países de África Sub-Sahariana. Pues La persona más racista que hasta ahora haya conocido, pertenecía a este último grupo (no voy a decir el país, pues supongo que como en todas partes, no necesariamente todos son racistas). Era imposible discutir con ella sin que nos soltara, como argumento para desacreditar nuestras opiniones, que no teníamos orígenes, pues no poseíamos una raza “pura” como ella. Y nadie se salvaba, ni siquiera las antillanas que tenían la piel tan oscura como la de ella: eran mestizas, es decir seres inferiores a sus ojos. Yo una vez le contesté que más bien yo tenía muchos más orígenes que ella (¡Qué triste perteneces a una sola etnia! ¿no?) y furiosa me amenazó con hacerme brujería. Algo parecido le pasó a un amigo brasilero, al que un africano criticó por “renegar de su raza” al vestirse de manera occidental. El chico le contestó, inteligentemente, que no podía renegar de algo que se le notaba en el color de la piel, pero que no podía tampoco reivindicarse de una cultura con la que no se identificaba; que sí, evidentemente que sus tátara-tátara abuelos venían de África, pero que él se identificaba como brasilero, porque era el país en donde había nacido y la única cultura que conocía. El otro nunca quiso entender razones al parecer.
En otra oportunidad, en la pensión un grupo de chicas empezó a hacer bromas sobre una de ellas, alegando que el cocinero le había dado más comida que al resto porque se acostaba con él. Este señor era un normando de pura cepa, blanco como la nieve. La aludida respondió “¡Aggg! ¡Qué asco! ¿Se imaginan acostarse con él? ¡Todo blanco! ¡Todo rubio!”. En el grupo no había ni una sola europea y al parecer solo yo tenía un novio francés. Casi todas le dieron la razón a la muchachita de marras. Yo me sentí ofendida: ¿”Qué tiene de malo un hombre blanco? A caso te va a manchar?”. Pero ellas seguían en sus trece, hasta que una chica de la Costa de Marfil dijo “¡Ya cállense! ¿No se dan cuenta que el novio de Tanya es blanco?” Trataron de disimularla pero ya era tarde. La misma chica de la Costa de marfil les dijo que sabía muy bien que si no fuera porque vivíamos juntas, muchas no le dirigirían la palabra por ser racistas. Nadie lo quiso aceptar. En todo caso es triste ver que el racismo no es exclusividad de los blancos: la estupidez humana no conoce de fronteras.
Muchos dirán que en una sociedad en la que justamente se sobrevalora a las razas blancas, una reacción así es la respuesta natural que se genera y que por último es bueno que haya gente que se sienta orgullosa de lo que es. Nadie me convencerá que al fuego se le combate con fuego.
Pienso que la mejor manera de luchar contra el racismo sí es fomentar el orgullo a los orígenes propios, pero no para decir que una raza es mejor que la otra, porque eso es un absurdo. No hay nada científico que pueda corroborar algo así.
Estar orgulloso de nuestros orígenes nos prepara también para relativizar los insultos racistas y darles su verdadero valor, desarmando sus argumentos. Un buen ejemplo se encuentra en el poema “me gritaron negra” de Victoria Santa Cruz: una niña toma por primera vez noción de que su color de piel es percibida como inferior y crece tratando de ocultar sus orígenes, hasta que un día contesta “¡Y qué!” al insulto y replica “¡Negra soy, negro es mi color!”, dejando de esa manera al agresor sin argumentos. ¿Cómo discutir con alguien que te acepta lo que le dices y sin considerarlo un insulto sino solo un hecho? Eso solo se logra si uno mismo no siente como un lastre los orígenes personales, sino como lo que son: una riqueza. Eso les enseño a mis hijas y por suerte lo entienden bien. A la mayor una vez alguien le dijo que ella no era “una verdadera finlandesa”, a lo que ella replicó sin problemas que era verdad, pues había nacido en Francia y se había criado hasta los diez años en Perú, por lo que no era culturalmente una verdadera finlandesa a pesar de tener la nacionalidad. ¿Cuál es el problema? En este caso “sentirse bien en su piel” tiene un significado literal.
Disfrutemos de nuestras diferencias, aprendamos a amarlas y respetarlas, que eso hace la riqueza del mundo: los diversos colores, olores y sabores de cada cultura.

*Frase de la popular canción peruana “Toro Mata”.