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testimonio de Orel, una joven israeli



Tengo varias historias interesantes sobre mi familia en la India. En primer lugar quiero contar una historia muy alegre sobre la abuela de mi abuela .

Hace dos años mi abuela me dijo que cuando ella estaba en la India , su abuela murió a los 100 años; cuando fueron a enterrarla , ella abrió los ojos y dijo : " Dios no quiere que me muera , Dios me da otros 20 años de regalo . y 20 años después, cuando ella tenía 120 años , Dios se la llevó con él .

La segunda historia es un poco difícil de contar , acerca de mi bisabuela. Cuando vivía en la India ella fue violada por un árabe cuando estaba camino a casa .

Tras el incidente se quedó embarazada . cuando dio a luz a su bebé el árabe se lo llevó y desde ese día no vio a su bebé .

La aliá (inmigración a Israel) de mi abuela fue muy compleja y difícil , hubo dificultades de dinero .

Todas las vidas de sus cuatro hermanos y la de mi abuela fueron acompañadas por la falta de dinero. Ellos trabajaron duro para ahorrar un poco para comprar un pequeño apartamento de una habitación con seis personas dentro .

Sus vidas fueron modestas .

Solían ir a la escuela para aprender hebreo . aprendieron un profesión , se casaron y tuvieron hijos .

Y esta la cadena de eventos de mi vida familiar.




entrevistas: Yolanda Duque-Vidal




La tarde de Yolanda.


por la periodista Livia Díaz




La tarde de Yolanda permanece en el tiempo saturada de recuerdos y añoranzas. “Un poder mayor que yo, me llama a volver” pero volver no es suficiente, ya no somos parte del todo ni parte del poco. La salida y la ausencia provocada, insufrible estoica, la salida necesaria e inmerecida, ha marcado su vida para siempre.



Yolanda Duque Vidal de origen chilena, nacionalizada canadiense pero ciudadana del mundo, viaja con sus zapatos de nube y la mochila al hombro, sus gafas la guían, su amor y su energía la impulsan, su fe mueve los Andes, las Rocosas, las cordilleras se abren a su paso invencible. Ninguna extradición pudo cambiar su identidad.


Su voz es una música suave pautada y lenta donde la claridad de su dicción sin acentos vence la maestría con que se redacta y dictamina su paso sencillo, vidente, enamorado. “Mi Patria es el Universo porque el Universo es de Dios y yo soy hija de Dios”. Tal cual. Como si la vida atrapada en el pecho en tesoro vital se cristaliza al sólo verbalizarlo.



“Hay una ansiedad en mi
que indaga una razón.
Mientras el sol dormita
gradualmente bajo el agua,
sus últimos rayos esbozan
tu imagen en la arena”.



Entre canciones y sonrisas, enérgicamente avanzando en amable precisión sin equivocaciones, solidaria, paciente en armonía pero firme, que deja reconocer una práctica continua y cotidiana de pasos por los todos, por los suyos, por nosotros. Convivió con nosotras, unas 46 poetas de 25 países este noviembre en el XI Encuentro de Mujeres Poetas en el “País de las Nubes” región Mixteca de Oaxaca. En la sesentena y algo por fuera, nueve por dentro. Invenciblemente niña y mujer en avance de proyectos editoriales y culturales que abarcan la edición de poetas y cuentistas contemporáneos y la preocupación por los indios “Crees” y “Mic Macs en Canadá.


Dijo Jean Paul Sartre que “Los libros son voluminosas cartas a los amigos”. En los de Yolanda me queda claro que ninguna palabra está dirigida a otra persona. Porque sólo los amigos rozan con el alma el sentimiento al compartir lo que nos hermana en cualquier circunstancia, en cualquier semana, en cualquier idioma. Ella va ganando amigos “estoy naciendo hace poco nada más”. No tiene muchos estudios de Lite-ratura, -dice-. Se llena de amigos silenciosos en la poesía aunque salió de su país con la esperanza de arrodillar la violencia contra su familia ejercida por los militares chilenos en interrogatorios y persecuciones en la década de los 70’s y 80.


“¡Cuántos afanes de libertad sepultaron
los cuervos que mutilaron la Patria!
Semillas de ideales retoñarán un día
y los originarios frutos volverán
a perfumar nuestro exuberante territorio
Cordillera de los Andes
altivo muro accidentado, mudo testigo
de la inmolación, el sudor y la sangre
vertida en los viñedos y maizales”.


Porque una cosa es elegir donde vivir y otra es salir perseguido”. La tortura del aparato de estado tras la caída del presidente Salvador Allende, perseveró contra todos ellos por muchos años, esto obligó a buscar asilo a sus hermanos fuera de Chile y después ella misma comenzó a treparse en las nubes que le llevan los pies, rumbo a otras tierras. Comenzó con la poesía en el exilio, cargada de nostalgias y desarraigo:



“Lóbregos pasajes de la memoria
revelan una niñez desgarrada.
Nada borra lo imborrable, el pasado.

Saeta que regresa sin aviso
y se queda fatalmente alojada
donde incorpóreamente lastima”.



“No había fronteras ideológicas. Sorprendentemente, los mili-tares argentinos conocían toda nuestra historia”. Argentina, que inicialmente fue un refugio para Yolanda se convertía en un infierno poco a poco, hasta que salió de nuevo con rumbo a Canadá. Vivió en Buenos Aires hasta el 4 de octubre de 1986. Siempre trabajando en empresas importantes donde destacó en la jefatura de empleados, administración y contabilidad. A diferencia de sus hermanos que eran miembros del Partido Comunista, Yolanda es Pacifista, “pero eso no servía”, sospechaban de todos, querían saberlo todo sobre ellos, sus amistades, sus actividades, “hasta que un día mi madre les dijo a los militares -mis hijos ya no están aquí, se fueron a Estados Unidos -nunca más volvieron a molestar a mis padres”. Pero duele tenerlos tan lejos. Cuando el avión desciende sobre los Andes y veo Santiago aparecer, mi corazón da un vuelco rotundo, es un clamor y un rumor en el pecho que me soborna y atrapa inevitablemente, siempre, siempre que regreso.



“Intrínsecamente se enquista
en los opacos laberintos
donde no puede desertar.
Arrastra al abismo inexorable
chocando contra el muro
de insalvables fracasos.
Acero mordaz y agudo
que traspasas sin piedad
los frágiles umbrales del alma”.



A Yolanda le faltó tener un hijo aunque tuvo muchos hijos: Sus cinco hermanos y una banda inmensa de sobrinos con los que de vez en cuando, vuelve a ser niña, aunque lamenta no haberlos visto crecer. “La sonrisa de un niño me libera el alma”. “Hubo una época en la que no poder tener hijos casi me llevó a caminos sin retorno. Era un dolor muy grande, algo perdido, porque había problemas, tanto médicos, como personales por resolver y finalmente hace unos años, me quitaron los órganos reproductivos para evitar un cáncer”. La poesía nació cuando era niña. A los nueve años y en la escuela primaria de educación “la maestra nos dijo que escribiéramos un poema, “escriban lo que estén sintiendo”. En ese momento me guié por un poema de Gabriela Mistral. Observé que los versos estaban agrupados de 4 en cuatro y en la forma del trabajo quedó plasmado:



“Si yo encontrara el motivo de mi existencia en este mundo
entender por qué vivo con este dolor tan profundo
Dolor que me da la vida sin saber por qué
Sentir mi alma herida y la razón no la sé”



Mi maestra enmudeció inmediatamente. Pensé que había hecho algo muy malo. Me miraba y miraba mi poema, lo mostró a todos los maestros, a la directora. El escrito anduvo de mano en mano, les parecía quizá increíble que yo a esa edad hubiera escrito eso, como increíble fue verlo consumirse en las llamas cuando los militares tomaron el baúl donde guardaba mis poemas y otros textos y les prendieron fuego “con el hecho de haber quemado mis poemas me cortaron la vida, es como si hubieran mutilado la mitad de mi cuerpo”.



“En tus gargantas ocultas
un insondable y monstruoso arcano.
Los blancos sueños de mi infancia
se han teñido de rojo
ante las escorias de una Patria
arrasada por el fuego de metralla”.



Recientemente Yolanda ha sido reconocida por la Gobernadora General de Canadá en el Palacio “Rideau Hall de Ottawa, junto con otros 60 escritores y artistas chilenos. “Recién estoy naciendo para algunos chilenos”


“Mi poesía parte de la reflexión interna que quiero transmitir, que la gente la entienda, la asimile. Lo mío es espontáneo. Antes fue íntimo, de amigos”. Como escritora comenzó a darse a conocer desde el primer libro, “Poemas de Canto y Luna”, editado en Montreal, Canadá en 1999. Ha escrito “Destino”, “El jardín de mis sueños”, “Senderos”, libros de poesía y prepara la novela “Alas pasivas” que retoma la experiencia de trabajo y convivencia en el albergue de los indígenas “Crees” de la Bahía James, al norte de Quebec y recoge lo que pueden leer otros ojos.



En el 2001 inauguró una editorial sin fronteras que ha llamado “Alondras”, trilingüe, pero que no distribuye por ahora en Canadá, pues “la distribución no es fácil todavía” –asegura-.





Livia Díaz, Oaxaca, México



poetry and displacement: Mois Benarroch


see link:
Interview: Moroccan-born Israeli poet Mois Benarroch

On being different and writing a different poem

July 15, 2010
Moving from Morocco to Israel at the age of 13 was like moving from one planet to another. Israel was not only a different country, it was a different culture and these were completely different Jews and it was a completely different Judaism. It was September 1972 and within a year and a half of my arrival there was a war, the Yom Kippur war, and my little brother died; all this happened before the end of 1973. These traumas are the source of my writing, and perhaps the reason I started to write. I missed out completely on adolescence and was also very isolated from the Israeli community.

Can you tell me about your childhood in Morocco, your parents, your education?

We went to a Jewish school, called El Ittihad Maroc. That was the official name of the school but everybody called it La Alianza, in Spanish; it was the first school opened by the Alliance Israelite Universelle in 1862 and became the first of an international Jewish network of schools called the Alliance Française that spread all through the Muslim world and beyond. The level of education was very high and we were prepared for the French baccalauréat. We were also taught many languages and had classes in English, Hebrew and Arabic. Curiously, we were not taught Spanish, although this was the mother tongue of all the pupils and most teachers. So, when the bell rang everybody switched to Spanish. I find this miraculous. Back in class it was forbidden to say a word in Spanish.

My childhood was very Jewish and I still lived in a city that respected the fact that Jews did not work on the Sabbath [Saturday]; business was built around it since many Jews had businesses in my home town Tetouan. The school, as I said, was also a Jewish school. Although there were also some Christians and Muslims, the immediate surroundings were also very Jewish.

We were a family of four children; I was the second, after my sister. I remember very well that we were always on the point of emigrating. The feeling was that we were not staying in Morocco. There was talk of emigrating to Spain, to Venezuela, to Canada. And of course, Israel where we finally settled in 1972, when I was 13.

Have your views about Israel changed in the time you have been living there?

My views about Israel have changed a lot. Despite so many years here I think I see Israel from the outside, I live on the outside. Of course I didn’t have a complete concept or point of view when I was 13. I thought I was coming to a spiritual and religious country where Jews loved each other. This was the naive point of view of a Jewish boy.

What other work do you do besides writing poetry?

Nowadays I am a full-time writer and translator. I have just published a new novel in Spain, Amor y Exilios. I translate novels. I was a clerk-accountant for 12 years in the past with a steady salary. I also worked for a few years in hotels before that. And I studied natural medicine and pratised for time years as a part time job. I liked the idea but I don’t think I was such a good therapist.

How did you become a writer?

I started writing poetry when I was 15, because of feeling isolated and unable to connect with my surroundings. The first poems were love poems to a girl I couldn’t talk to. That seems pretty normal. Isn’t it?

Since then I have never stopped writing. I may be imagining it but I am pretty sure that after writing my first poem I knew deep inside that I was going to be a writer, and for some reason I also knew that it would take a long time for my writing to be accepted. But since then I have never stopped writing and have even done so obsessively at some periods of my life, writing 18 hours a days. It was like if I stopped writing I would die. Maybe it still is. I didn’t stop. I tried a few times but it didn’t work.

Which poets, or other artists, have influenced your work?

There are many. I think that two of the most influential writers are Charles Bukowski and Edmond Jabes, which may look like a complete contradiction. But the main art form that has influenced me beside writing is that of the singer-songwriter. I actually started writing my first poems after listening to the likes of Bob Dylan, Neil Young and Jackson Browne. I even tried to compose music to my poems for some time. I also like movies, and I think that has influenced my novels. Some critics have pointed out that I use cinematic techniques

I have been influenced by many authors in many languages. Let’s start with Hebrew: Natan Zach, David Avidan, Erez Bitton, Zelda, Yona Wallach, Moshe Sartel and many others. From the French, besides Jabes, Cocteau, Breton, Rimbaud, Baudelaire, Blaise Cendrars and many others have influenced me. From the Spanish, mostly the Latin American poets like Neruda, Huidobro, Nicanor Parra and Gonzalo Rojas, all from Chile; then Borges, as poet and prose writer. The beatniks in general: Ginsberg, Burroughs, then Brautigan, Whitman, Ignatow. And as I said, Bukowski. I am probably forgetting many of them.

Your poems chosen for PIW focus on themes of belonging (e.g. ‘I went up to the Land of Israel’, ‘Suitcase’) and outsiderness (e.g. ‘Antipoetry’ and ‘Beans with Tabasco Sauce for Breakfast’). Can you comment on these motifs within your own poetry?

This is definitely the recurring theme in my writings. It spreads all over, from being an outsider as a Jew, or as a writer (and Edmond Jabes would say that every writer is a Jew) to feeling like a different kind of Jew and not really part of the mainstream of Judaism: that is being a Sephardic Jew. Maybe that’s what poetry is about: being outside, being different and writing a different poem.

Your work will be published on PIW alongside Esther Raab’s writings. Although Raab is considered to be the first female and Hebrew/native poet of (pre-state) Israel, she can also be viewed as somewhat of an outsider. What are your thoughts about this and about her writing? (Are all poets perhaps ‘outsiders’?)

I read Raab a long time ago and frankly she did not make much of an impression on me. I don’t think she is really an outsider; her books were in stores back in the 1980s. Maybe I was not impressed because I don’t like landscape poems. I also do not like early Israeli poetry before Zach, Avidan and Amichai. I think that in most cases the poets were trying to find a language, a Hebrew that they could hardly handle. That surely includes Bialik and Alterman. I consider Avidan to be the first great poet of the Modern Hebrew language, and the first sabra to write poetry. I am not saying Raab is not a good poet, but her influence was minimal. But this leads me to an interesting observation made by Professor Shlomo Elbaz, who noticed how many women poets there are in Israel. And although the boys play the big ego game, we have Lea Goldberg, great and important poets like Zelda, Yona Wallach, Amira Hess, Hedva Harkavi and countless other women poets in the first league of Israeli poetry. I don’t see that many in Spanish or French or British poetry; the USA fares better, but even a world leader in poetry like Chile has one Mistral compared with dozens of male major poets. I think this would be a good subject for a PhD. Compared to most countries I know the situation is unique.

As for outsiders: in Israel 20,000 poetry books are sold yearly. This means that poetry is the outsider. Not the poets. I don’t see myself as more of an outsider and I have had my share of recognition; 20,000 books is like one prose bestseller and many novels sell even more. So, a poet who has published a few books and has a hundred readers can consider himself recognized. More so if a dozen articles have been written about him. As a novelist I am marginalized, but that’s another story. And a long one.

What are your thoughts about the Josephus book, the history book written by Josephus in 70 AD? You recently wrote about a new Hebrew translation in the Haaretz newspaper.

I reread the book and wrote about it with the feeling that it was in fact completely irrelevant to our political reality of today. This must seem obvious to any European, but the problem is that in Israel there is a gap in political time; in every discussion someone tries to compare today’s political situation with something that happened 2000 or 3000 years ago in Judea or in this part of the world.

You are bilingual in Spanish and Hebrew, and very proficient in English. Do you feel some things are easier to write about in Hebrew and other things in Spanish? In other words, how does your multilingualism manifest itself in your life as a poet and in daily life?

I have written poetry in three languages and that’s not something I would recommend to anyone. It was a poetic need. It came out of the poems. I started writing poetry in English when I was 15, and did it for four years. Then I switched to Hebrew, for the next 20 years. Then I moved to Spanish because there were things that could not be written in Hebrew. Language not only describes or represents reality, it also creates it. And Modern Hebrew is a language that has created a totally different Jewish Moroccan from the one I know; there are many ways to describe the Moroccan in Modern Hebrew and almost all of them are negative. And I could not change the whole of the Hebrew language, or cope with it. So the need for Spanish was a linguistic need and also a social need. A line like “I am an exiled Moroccan poet” (from one of my poems) could not be written in Hebrew. It took me eight years to translate it, and even now I am attacked for writing something so obvious. A Moroccan in Israel has to thank Zionism for saving him from a terrible life and fate, so the question of being an exile outside the understanding of Israeli society. I should thank everyone every day for having been saved and converted to the new Zionist-Judaism, and to ultra new Judaeo-Christianity, which is the same thing.

So my poetry is definitely different or I am even a different poet when I write in different language. Spanish is my mother tongue and my historic tongue, since this language has been spoken by family over the last thousand years, Hebrew is the language of my oppression, and for the fight against this oppression; it’s a father tongue, a male phallic chauvinistic tongue, but it is also the sacred tongue, the tongue of the temple, somewhere deep inside. English is a kind of neutral tongue, and also the tongue of the empire, it’s all over and I often use it when the other two conflict with each other or for more philosophical poems.

In my everyday life I live in Hebrew, with some French too because my wife is French, and we have many French friends, although I speak Spanish with my mother, and with some of my family too. And in Israel there is always some English in everyday life, since there are many tourists in the city, as well as many American and English immigrants who don’t bother to learn Hebrew, because they don’t have to.

How do you reflect on your linguistic identity and how do you perceive your cultural identity?

I see myself as some kind of disappearing species. I see myself as a Karaite in the 18th or 19th century, like a member of a sect; the Karaites were the mainstream of Judaism in the 12th century and now there are may be 1000 of them left. Since the 16th century Ashkenazíc Judaism has dominated the Jewish world. Israel was an anomaly during the 1980s when there was a majority of Sephardic Jews, but now they are maybe 40% (since the big Russian emigration) and most are trying to be like the image of the new Jew that was imposed on them by Zionism. I think that the Sephardic Jew is disappearing from the world. Ruth Knafo-Setton sent a few stories to a Jewish magazine in the US and they told her that her stories were nice but that she should write about “real Jews”. Moroccan Jews are not “real” Jews; they are some kind of folklore. Since most of my novels are about Moroccan Jews, I guess they are not “real” Israeli or Jewish novels. The Moroccan Jew has become fiction in the Jewish consciousness.

How do you envisage the future of your children in terms of culture? Do you feel they fit into society in Israel?

I don’t really know. Israel is a country in a state of change. It’s very dynamic and it is hard to say where it will be in a year. I have tried to pass on part of my history and heritage to my children, although this is not very simple, since school texts contradict all that I say to them. I am only one against a big system, and it’s a battle I cannot win. Maybe I can lose it with some dignity and save something from my past that will go on in future generations. As it is, my descendants will probably think that I came to Israel from a cave in Africa. That’s more or less the concept of the Sephardic Jew.


Lucy Pijnenburg

testimonial of Rahila Khalwa


My Desert Odyssey

No, I can’t possibly return to Japan. I don’t want to.

Towards the end of the eventful academic year at Essex University, I began to hear my inner voice crying. That super-capitalist, sexist, materialist society where I’d always felt so out of place. Where I was made to believe that something was wrong with me, I was to blame. The thing is, Japanese society and I, we were incompatible with each other. As simple as that. I didn’t belong there. I always had that awful feeling of not fitting in, in that highly group-oriented, homogeneous nation state, my self-doubt intensified by my parents who stood firmly with society at large, blaming their daughter who felt so isolated in it. Now, all of a sudden, it was clear to me. This revelation turned out to be the biggest – if painful – harvest of my intense graduate research as a feminist historian. No, I wouldn’t return to that country I’d left just over a year ago, without much ambition or motive, the country in which I was born and brought up, and had lived for nearly a quarter of a century.

Few people would become a rootless vagabond on completing a master’s degree in England; I was one of those few. I never looked back since. I accepted with grace that I had nowhere to go, nowhere to return, and nowhere to be. Ever since I’ve been on the lookout for my place, somewhere in this world. First I dreamt of the desert, preferably somewhere in the Arab world. The desert was where my soul came from, ever since I was a schoolgirl in Japan, the place I longed for: I’d return there, the desert would embrace me as no humans ever did.

Somehow, I decided to see the socialist world instead. It was October 1989, when East German ‘refugees’ were flooding out towards the West day in, day out. I did identify with them, except, I had no compatriot as those East Germans, and I was heading for the opposite direction. The socialist bloc crumbled away with the Berlin Wall, while I was travelling the Continent with a rail pass, before I ever had a chance to observe socialism at work. I felt as if one more door was slammed in my face.

After a few years of trying a new life in xenophobic Vienna, some more wanderings and a futile attempt at PhD at Essex, I finally arrived in the Algerian Sahara. For the first time in my life, I blossomed. I found my niche, where I could be myself, where people accepted me as I am. My age, where I come from, nothing mattered. The vastness. The heat. The horizon. The silence. The desert did embrace me. I probably wanted to die in the Sahara. I found myself living; I was finally in the right place. Only, it was the wrong time.

Algeria was rapidly descending into political turmoil. The humane, friendly ambience turned repressive in a matter of months. I was tipped off, hunted by the police, suspected of espionage, arrested by the gendarmerie. I grew paranoid, had a nervous breakdown, which developed severe eczema on one hand, and rheumatic arthritis on the other disabling my right arm for months to come. Unbeknownst to me, I was also with child. When I emerged from the burning desert of the high summer, I was virtually an invalid, anorexic and painfully thin, by now seven months gone.

I really had no choice but to come back to where my return flight had originated from: London, where, by chance, my unborn baby’s sperm provider would be there, for good or bad, if not for me.

Having decided to keep my baby boy two months later, I became a mother. As such, I could no longer move away, out and about physically, carrying one single rucksack, as before. My search for my place has been effectively, indefinitely suspended since. London turned out the worst possible place for a vulnerable single parent with little means and no family support. I was surrounded by those hypocritical people called professionals, from social workers, some psychiatric doctors and nurses, in effect all mother bullies. They were mostly women, many of them coloured, from the so-called ethnic minorities.

Curiously, the same government, who had abandoned me years earlier as a PhD student because I couldn’t pay the astronomical overseas tuition fees, subsidised me as a penniless mother, not generously but enough for me to provide my son and me. I’m a desert person, I never need much materially. Always economising, I can live well with what little I have.

My son’s growing into a young man. During my London existence, which I’d hardly call a life, I’ve done one thing; - bringing up this wonderful, confident individual, practically on my own. Never having been on the receiving end, I believe I’ve learnt to love unconditionally. A tremendous achievement. Otherwise, I’ve achieved nothing, on material terms. As someone who’s destined to return to the desert eventually, I’m comfortable owning nothing. Only, while reminding my son that I’ll be always there for him when he needs me or my support, I wonder where on earth, when I myself have nowhere to be?

Single motherhood with no family support did keep me from active job-hunting for long years. Accumulating useless qualifications, I sensed the fallacy of equal opportunities: no one wants a Japanese dissident, a multi-lingual obscurity, with opinions, no traceable work history and many blanks in her CV. Only recently did I come across certain groups of creative people, one Exiled Writers’ Ink, and another one-off course entitled ‘Creativity and Dissidence,’ led by the rebellious Egyptian writer Dr Nawal el-Saadawi; those groups where I can be and express myself, and where my voice is valued. I’m struggling to publish my first book, a memoir; admittedly I hardly earn a penny by creative writing.

My son will fly away, some day soon, from this ‘nest,’ which for me has been permanently temporary accommodation rather than a home, where his entire life has been spent. With no more ‘child,’ all the state subsidies will cease, at which point I’ll find myself standing at the crossroads: would I like to stay in London where, with all my son’s mementoes, photos, fond memories, I’ll no longer have means to eke out a living, or, shall I leave, no matter where, to resume my haphazard vagabond existence? My place in the desert, my home, that’s all I want, where I’ll return and die, but before that, I’d like to live, even for a little while, in châh Allah.

Nowhere to go, nowhere to return, nowhere to be. As ever before.

Name: Rahila Khalwa (I’ve renamed myself. It roughly means ‘a nomad alone’ in Arabic)

Age: in mid-40’s

testimonio de Luisa Yadira Almeyda Santiago



Emigré por primera vez hace tanto tiempo que de nada, absolutamente nada de aquello me acuerdo. Era parte de la Magnificencia y tenía plena conciencia de ello, no como ahora que apenas unas pocas veces y por segundos me doy real cuenta de la inmensidad a la que pertenezco.

Pues de allá me desprendí para cobrar animación en el óvulo fecundado de mamá, pero unos pocos meses después de ahí también emigré; reclamé salir y respirar de manera independiente. De inmediato tuve que aprender a hacer eso y casi todas las cosas necesarias para sobrevivir, pues algunas otras habilidades he tenido forzosamente que adquirir en el andar para poder mantenerme en el flujo del peregrinaje colectivo en el que avanzo.

Emigré hasta el momento de 24 casas, 13 ciudades, cuatro países, dos continentes y dos patrias; a algunos de ellos he regresado tras meses e inclusive años. Emigré de donde mis padres, de un cruel matrimonio; después de un finísimo ser que también fue mi esposo. Silencio, luego mucho silencio. Pero seguí viva y con suerte pude de ese profundo vacío también migrar. Tras ello por las noches antes de cerrar mis ojos y en dos países diferentes, he visto cuatro distintos techos que casi pude llamar hogar.

No sé en cuántas ciudades y países he estado, no en tantos como otros tantos, pero sí en suficientes como para dolerme de hacer maletas, transbordes y ser alcanzada por añoranzas.

A sitios nuevos y extraños sola pasé y llegué en mi fémina condición de mexicana promedio y siempre pude abrirme camino con rapidez y sin dificultad, a veces con sólo señas. Me moví en espacios donde tuve que guardar mi cabello, en otros donde pude mostrarlo pero tuve que cubrir mis hombros, y algunos más donde sólo era advertida si importunaba a alguien con mi roce en modernas y saturadas calles del primer mundo. He sido recibida en casas donde fui la ajena, la extraña, la amiga, la mujer, la pareja, la familia y hasta la dueña. Desarrollé ese instinto de sobrevivencia urbana, suburbana, campestre y comunal; y la facilidad de adaptación ambiental, alimenticia, costumbrista y demás. Varias veces agotada desperté por las noches experimentando la súbita y veloz reacción de brújula ubicando primero la habitación, la casa, el país y la circunstancia de mi vida, sólo para poder llegar al baño.

Nada de lo anterior me preparó para mi intento de integrarme a Chile.

Santiago como mi apellido, latino e hispano como yo; creí que tendía un escudo amoroso y protector con suaves plumas de cóndores trascendidos, nido para cómodamente unirme a una cuasi-familia que aguardaba por mí. Llegué tan confiada por tanta circunstancia, que la confusión acumulada en mis apenas tres semanas primeras me alteró fuertemente los sentidos.

Tierra de hombres y mujeres de ojos bellos y acentos que hechizan mis oídos; de mañanas con sabor a hallullas y palta y casas con tostadores en las cocinas; donde un desayuno no se come sino se toma, con onces a las cinco, almuerzos a las horas de las comidas mexicanas y comidas en las cenas; donde chulo no es bonito sino feo, donde harto no está mal dicho y reto no es una aventura sino un regaño; donde los plátanos orientales no se comen sino te hinchan los ojos; donde rajas no son chiles ni los tubos de canela sino los muy cansados, lo padrísimo, o se emplea para referirse de manera políticamente incorrecta a cierta parte de la anatomía; donde para decir hoy se acompaña con día; donde las guaguas son bebés y no onomatopeyas caninas, donde la cerveza provoca guatas y no panzas; las zapatillas no las calzamos las señoritas sino los deportistas; donde hacer tuto es dormir y los tacos no se comen sino se sufren; donde la lata más que una industria, es todo lo que te satura (cansancio, flojera, molestia, hastío y hasta vergüenza); donde cachar queda chico en el beisbol, porque asume el papel de adjetivo camaleónico, aún incomprendido para mí en todas sus connotaciones.

Santiago que me grita que me despabile, que me reta por haberme formado en el D. F. y asustado a la primera de cambios en su asfalto; que sarcásticamente me recuerda lo inválida que me permití quedarme por tanto tiempo en Alemania, instándome a actuar tan polifacéticamente como su anglicista verbo cachar; que me obligó a gran velocidad a reconciliarme con la cocina, lo doméstico y las cuentas; que como amante misógino luego me arranca grandes sonrisas y alegrías por regalos inusitados que me brinda en sus calles; que pareciera que se cartea con Ensenada para supervisar que continúe afinando mi poder de co-creación y no olvide lo pendiente.

Santiago que ahora me reconoce prima pero que me recuerda lejana, en quien ya no confío pero respeto, que ya no me asusta pero vigilo; a quien a pesar de todo sigo queriendo pero me sigue recordando que mi raíz viene de otra parte.

Porque feliz y afortunadamente me acababan de salir raíces, tras años de tenerlas en una maceta afirmada sobre tanta superficie ajena y cambiante. Y si cierro ahora los ojos, concentrándome en ellas, cruzan fronteras y se unen a ramificaciones campechanas, oaxaqueñas, veracruzanas, defeñas y ensenadenses, entre otras que no necesito mentar.

Santiago que quiero por cinco meses más y luego, luego Dios dirá.

Explicaciones de mi “Migraciones”:

1.- Hallulla: (del árabe hispánico ḥallún, (bollo de fiestas), y este del hebreo ḥallāh (jalá) pronunciado como youh ya), es un pan típico de Chile.

En Chile es un pan blanco de harina refinada. Su forma es redonda, es pesado, plano y de consistencia firme y semiesponjosa. Chile es, después de Alemania, el segundo consumidor de pan a nivel mundial, siendo la hallulla uno de los panes favoritos de los chilenos.

2.- Paltas = Así se le llama al aguacate. Es una costumbre desayunar cualquiera de sus panes típicos como la marraqueta- y mi preferido, la hallulla- con aguacate hecho pasta, sin condimentar.

3.- Tostadores: Algo parecido al comal mexicano en cuanto a su uso cotidiano y porque sirve de asar; sin embargo se emplea también como la base redonda que en Suiza se emplea para distribuir el calor sobre el caquelon (olla del fondue) y evitar que se queme.

Mega interesante. Tardé tiempo en entender qué era esa cosa forrada de plástico que nueva tenía en la alacena, y en poder guisar un buen arroz; pues aquí el común es de grano largo y gordo, con mucho almidón, que no había manera que me quedara suelto. Este llamado tostador se coloca sobre la estufa (¡Que aquí le llaman cocina!) y se tuestan los panes, con la llama bien bajita. Pero también se usa para colocarlo debajo de la ollas y lograr una perfecta cocción de cereales y leguminosas a fuego lento. No se lava, se sacude.

4.- Se dice: “Estoy tomando desayuno” . Se pregunta: ¿Vas a tomar desayuno?

5.- Supongo que heredados de tanta inclusión inglesa y alemana, entre cinco y siete de la tarde, entre la comida del medio día (que llaman almuerzo) y la cena (que llaman comida y se realiza tipo 21:00 horas) se acostumbra la “once”. Once es como el té de las cinco, una mesa con pastelitos, pan con palta, café, té o agua de hierbas (infusiones). El origen del término es discutido, aunque es probable es que se derive de una comida tomada a media mañana (a las 11), y esa es la interpretación que le da la Real Academia Española. Otra posibilidad es que el término sea una traducción literal de la comida inglesa elevenses (eleven en español es once, elevenses es en plura, entonces se traduciría onces). Por último, y lo que he escuchado de tooodos los chilenos, dice que esta palabra viene de la costumbre de los trabajadores de las salitreras a finales del siglo XIX, quienes acompañaban la merienda con un trago de aguardiente. Por la existencia de restricciones para beber alcohol, llamaban once a tal comida, por la cantidad de letras (11) que posee la palabra aguardiente. Una variación de la última teoría dice que durante la colonia los caballeros que querían tomar aguardiente se referían a esta bebida como 11, para que las damas no se dieran cuenta

6.- Chulo aquí se usa para denotar lo contrario a fino, para referirse a lo vulgar, a lo barato; de mala calidad o gusto.

7.- Usan con mucha frecuencia y propiedad el adjetivo “harto” para referirse a mucho o grandes cantidades: Harto calor, harto esfuerzo, harta gente, harta agua. Een México se comprende lo anterior, pero no es una manera fina de denotar demasía

8.- Retar lo emplean para referirse a una llamada de atención. “Me retó mi maestra por no traer la tarea” “Te voy a retar si no comes”, etc.

9.- Anécdota personal: A la semana de haber llegado, yendo a caminar acaricié a un perrito callejera que casi adoptamos –ahora lo hizo una vecina. Mientras trotaba me restregué los ojos y a partir de ahí, tuve serias molestias en ellos: Dolor, resequedad, picazón, lagrimeo, derrames, etc. Pobre perrito, lo culpé. Tras una semana con problemas, fui a una farmacia y adquirí unas gotas que me recomendó el médico en turno. En la tercera semana, lavando ropa, se repitió el cuadro; y cada vez que me restregaba los ojos, sufría un fuerte ardor. Comencé a sospechar que se trataba de una alergia, pero dudé mucho porque jamás he sido alérgica a nada y todos los años que estuve en Suiza fui inmune a la fuerte alergia que el polen de ciertos árboles provoca a la mayoría de los habitantes de la parte alemana. Luego vino una amiga nacida aquí; llegando a mi departamento me comentó: “Cruzando la calle mis ojos comenzaron a arderme, debe haber plátanos orientales alrededor”. Acabé con un oftalmólogo, que me confirmó que se trataba de conjuntivitis alérgica, debido a la conjunción de circunstancias bien particulares de Santiago: Un tipo de tierra que me explicó, la inversión térmica y- efectivamente-, la espora del famoso plátano oriental. Me contó que es incomprensible para los alergólogos y oftalmólogos que la municipalidad de Santiago haya escogido dicho árbol para cundir los parques y zonas verdes, pues si bien es tan fuerte, adaptable y resistente que es apto y económico para una ciudad, es igual muy conocido por la reacción alérgica.

10.- Se dice “Estoy raja” para decir estoy muy cansado; o cuando alguien da una buena noticia, se replica con “¡Rajas!”. Vulgarmente también le dicen rajas a la división de los glúteos.

11.- Es muy común escuchar o leer: “Hoy día es mi cumpleaños”, “Hoy día vamos a ir al cine” “Fui hoy día”. A pesar de que en general hoy día se refiere más a actualidad (Por ejemplo, “Antes se usaban enaguas, hoy día minifaldas” u “ hoy día la internet es el medio preferido de comunicación”), en Chile de manera coloquial se dice hoy día –como señalo al inicio de este apartado- y para situaciones formales, solamente día (Por ejemplo: "La restricción vehicular para hoy se aplica a los vehículos cuyas placas patentes terminan en 6 y 7")

12.- Sí, guagua es un bebé; tanto así que en lugar del baby que le dice un hombre cariñosamente a su novia en inglés, aquí se escucha que el novio (pololo en chileno) le diga a su novia (polola): “Mi guagua”.

13.- Estómago es en coloquial español mexicano panza; en chileno es guata. Entonces, panzón es guatón; me duele el estómago es “M e duele la guata”.

14.- En México a los zapatos de tacón alto les llamamos zapatillas, y a los zapatos deportivos les decimos tenis. En Chile zapatillas son los zapatos deportivos: “Ponte tus zapatillas y vámonos al gimnasio”

15.- Rarísimo, para referirse a dormir dicen: “Estoy cansada, me voy a hacer el tuto” o “Quiero hacer tuto”.

16.- Como en Puerto Rico, en Chile “taco” es el congestionamiento vehicular, lo que en México llamamos “embotellamiento”. “Zapatos de taco” son lo que en México conocemos como”zapatilla” (zapatos de tacón alto).

17.- Lata lo usan muchísimo. Ejemplos: Me da coraje = “Me da lata”, me siento mal insistiendo “Me da lata molestarlo”, me incomoda esta situación = “Me da lata”, me da flojera volver a repasar lo mismo: “Me da lata”. Y más ejemplos que aún no domino.

18.- Cachar además lo usan con acento cortado, como los cubanos o el antigüo español (cacháis = cachái). No comprendo = “No cacho”; Pilar no entiende lo que pasa = “La Pilar no cacha”. Si le preguntan a alguien: ¿Qué vas a hacer en Navidad”? puede contestar “No cacho”, lo que se entiende como todavía no hago planes. Lo usan también como un ¿Se entiende? = “¿Cachái?”

testimonios poeticos: Eugenia Toledo-Renner

CUADERNO DE ORIGEN Y MIGRACION


Herencia de hijo único


¿Dónde está tu herencia, hijo?

No la busques allí

donde los vivos peregrinan al cementerio,

o escriben la genealogía,

en cuyo árbol caben unos, y otros no.

Búscala en el lugar de la sangre

o más allá, por los aires,

dentro de mapas diferentes,

geografías que explican nuestros nombres.

Busca las mujeres que te antecedieron,

en sus cuerpos verticales o en sus formas,

en sus sufrimientos y su coraje;

en las leyes del destierro, sus rumbos,

la guerra, la pobreza y el trabajo. Busca.

Una mujer ciega, pasea por un jardín.

Otra vive en la verde selva araucana

y labra la tierra, a azadón y hacha,

hasta que se ha quebrado la cadera.

La más alta y delgada de todas

danza en un barco de Italia a Buenos Aires,

y penando cada noche por un fantasma,

continúa calando las fundas de las almohadas,

puntadas por las que cruza a tierras nuevas,

los Andes a caballo una y otra vez, tres.

Busca junto a los campos, al arroyo o

junto a los pájaros , hijo.

Busca a la más bella,

que nació en el fin del mundo,

a orillas de un pueblo sin casas,

con nombre de tres letras y

y que conoció el albedo del trabajo,

acarreando canastos de leña,

bordando, cosiendo, tejiendo,

dulce trino de jilguero herido,

sus ojos grises lucharon el respiro

y tratando de hablar de lo verdadero,

o piérdete en el reflejo de tu herencia

por las calles de Turín, Berlín y Polonia,

en rostros contemporáneos,

sabiendo que la dureza de esos caminos

también dejaron huella en ese país,

fin del mundo.


1898


En 1898,

de acuerdo a los documentos oficiales,

yo no existía. No aparece mi nombre.

Mientras los campos reverberaban

vírgenes en Chile,

abiertos a la emigración,

mis antepasados europeos,

arribaron a nuestros primeros puertos

y se convirtieron en colonos.

Recibieron, dice el documento,

tierras y unos pocos animales.

Construyeron casas de madera y corrales.

Los hombres se ocupaban de afuera y

las mujeres de la cocina y la conserva.

Sus hijos prosperaron en las escuelas,

hablaban dos idiomas,

tocaban el piano, cuidaban el campo,

un sitio paraíso aquella la selva sureña.

¿Fue pura suerte la mía

que de esta controvertida empresa

no supe nada?

Fue en Púa donde nació,

dice el certificado perdido,

en un luminoso mes de marzo,

mi madre,

y yo tampoco me enteré de tal suceso.



Amelia


Mi abuela cuidaba un jardín idílico

de hortensias, calas y dalias, en el que plantó

a ciegas su destino, siempre en suspenso,

en el fin del mundo.

Puso allí su ganancia, donde plegaba

el espejismo de la distancia y

“su siempre jamás” enterrado en la tierra.

Vivió en vilo, sostenida por un beso

de la memoria y en un adiós

que fue esculpido en dureza y dolor.

Fraguaba su recuerdo en las lluvias del ayer,

recordaba cientos de fantasmas, guerras,

la pérdida de su madre ,el viaje con el padre.

Hablaba de los horrores de Mussolini,

Hitler y Franco, voraces como un incendio.

Toda su existencia se fue añorando

esos años migratorios, esos rostros borrosos,

y el pasado inconcluso que yo desconozco.

Todos se helaron con la escarcha de sus inviernos.

Tañó sola como campana de bronce.

Bajo tanta quemadura, mi abuela

nunca habló de su carga.

¿Acaso fue todo embalaje roto?

Plantaba hortensias, calas y dalias,

y enterró junto con ellas, en la tierra,

su propia lengua original.


Monodia biográfica

“Soy mujer en marcha” (Agueda Franco, poeta argentina, de su poema con el mismo nombre)

Amigos de estaciones comunes, escribo esta nota para ustedes, un recuento de historias en papeles enredados, manchados de café, uno que otro desgarrado, y humedecido por tantos racimos de días y años. Mientras enhebro ciudades, les cuento que llegué aquí buscando el leño santo, sándalo que le llaman. Este lugar era entonces un témpano para esculpir, yo venía del país de las lluvias y de pueblos ancestrales. Venía del siglo que esgrimió la violencia. Llegué a un lenguaje extranjero. Difícil es llegar para formar nuevos seres queridos, habiendo dejado otros atrás.

Hay injusticias para las que no tengo palabras, porque no hay lógica, amigos, para los filosos sentimientos tan universales de brujas y lobos; además, no es aconsejable hablar del caballo en casa del herrero o del cuchillo de palo en la casa del cirujano y la verdad en la casa del mitómano; por eso me hice silencio, bebí mi copa de paz, amistad, familia y retorno en un sólo canasto y desde entonces me han habitado una enorme tolerancia y paciencia, ambas hojas lentas, porque son como

hablarle a las estrellas, estación de inflorescencias.

Hay palabras en nuestra lengua castellana que tienen el poder de sanar y que sólo nosotros somos capaces de pronunciarlas; y mientras las desenterraba, grano a grano, fundé mi casa. El resto de la historia queda enredada en mi lenguaje.

Reunidas con los hermanos del arte decidí ser “mujer en marcha”. Soy la que escucha junto a los muros las voces de los desaparecidos; la que acarrea jarros con agua fresca para la naturaleza y los animales; la poeta que baila sin reposo sobre las mesas, cuenta y canta; la que tiene un contrato de justicia por la injusticia y las mujeres; la fatigada, pero en marcha, poste de luz.

Hoy en mis rincones se va amontonando el polvo y los objetos antiguos, aquellos que no me traje conmigo, pero a los que puedo volver en cualquier instante bajo idéntico tiempo. Hermoso será escalar la montaña y desde allí repetir el valle, el lago, el puente, y la lluvia permanente. Repetir sin desamparo, las edades que nos han enamorado por siempre jamás.

Los detalles del pasado se van a perder, el tiempo me gastará el rostro, mis árboles se secarán, mi sombra será una mancha de tinta en este papel. Por eso estoy juntando estas espigas ahora, haciendo paquetes, unos grandes, otros pequeños para ser una sola hoguera con ellos cuando me exilie a otras colonias imperecederas.


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testimonios poeticos: Liz Durand Goytia

Migraciones

Con los ojos cerrados todavía, comienza a percibir los ruidos diferentes. No logra identificarlos y se siente extraña. Abre los ojos y la sorprende esa luz diferente, inesperada. Percibe un ligero mareo y en su cabeza se instala confusión.

La habitación también es desconocida: la puerta está en otro lado. ¿Qué ha pasado? Viene a la memoria el viaje, el largo recorido por estaciones de tre, el paisaje variado, interminable. recuerda los acentos diferentes en las voces cuando el radio portátil de algún pasajero sintonizaba la estación del lugar que cruzaban.

Le duele un punto profundo en el pecho: su escuela, sus amigas. Ya no están.

Otra vez comenzar, salir a esas calles ajenas en busca de las menores cosas, aprender a nombrarlas de nuevo, instaurar nuevos sabores y sorpresas.

Siempre es difícil volver a comenzar, intentar la amistad, empatar.

No falta ocasión para las añoranzas pero la realidad siempre termina por imponer su reino y así, con su timidez a cuestas, con la fuerza de sus pocos años, con ese llanto tierno, recomienza.

Aprende a ver ese otro nuevo sol, a entender los sonidos, a acercarse a la gente. Un día, cuando despierta ya no se siente extraña: es su mañana, su casa, su alegría... por poco tiempo.

Llega de nuevo el trueno que determina el cambio, la mudanza. Hacer de tripas corazón, empacar todo de nuevo y emprender otro viaje, perder otra vez ese poco de luz,ese pequeño espacio donde estar.

Así por muchas veces. Hasta que se hace mayor se da cuenta de que no puede parar, que no tiene raíces, que nadie del pasado está con ella. La danza de las ciudades en su memoria, la confusión de tiempos, la dolorosa llaga que deja el desarraigo...

Un día lo entenderá: ella no es de raíces, sino de alas. Por eso será de todas partes, de todo el aire, de todos los lugares.

7 de diciembre, 2010

testimonio de Asher (Oscar) Frohlich

"A la vida se le van cayendo los velos poco a poco

y cuando se conoce y rehuye lo de verboso e inutil que hay en ella

vuelve como una ingenuidad al corazon

que en los hombres sensibles y adoloridos

se refleja,a la tarde de los años,en la sencillez de la poesia."

JOSE MARTI,PERIODICO PATRIA 1893

BIOGRAFIA CORTA

"Yo tengo un amigo muerto

que suele venirme a ver,

mi amigo se sienta,y canta

canta en voz que ha de doler."

JOSE MARTI,VERSOS SENCILLOS VIII,1890

Mi nombre es Oscar,o Saul,o Asher,o Juan,o Jacobo,o Ignacio,todos los nombres que quieran,o ninguno,porque esta no es solo mi historia.Es una historia de muchos,que se

repite,finaliza en una vida y empieza otra vez en otras,en cada muerte,en cada parto,en cada embarazo,cada dia y cada noche,cada primavera,cada verano,

y cada invierno.

Naci en la Argentina,el 1ro. de Mayo de 1942.

Que fecha !, Dios !, que fecha !

1ro. de Mayo,Dia Internacional de los Trabajadores,de la solidaridad humana,

del destino comun de esta Raza,sin fronteras,sin titulos,sin colores,sin banderas

1942 !

Y en Europa se matan,se queman,se torturan millones de inocentes,ingenuos,desamparados,desahuciados,incredulos...

Como podre tener yo un solo nombre,una sola vida,una sola muerte ?

si mi nombre figuraba ya en las listas de exterminio de la Gestapo,

entre los mineros del altiplano,los braceros de la selva,los estudiantes de Atenas,

los esclavos del Africa,los prisioneros de los Ejercitos.

Como podre ser indiferente a esa fecha,aquella en que se conjuga los mas sublime y puro,con lo mas abjecto y cruel de la raza humana?

Por eso,si,por eso,decidi un dia,buscar respuesta a esta intriga,a esta duda,a este insomnio,a esta pesadilla interminable.

Y asi lentamente,como el sol que se asoma dubitativo,detras del horizonte,como queriendo asegurarse la victoria a las tinieblas en cada nuevo dia,llego la respuesta

que renace como el sol,en cada dia,y despues de cada larga noche,una y otra vez,

terca,inevitablemente.

Y asi es,que vivo mis mil vidas y mis mil muertes,y estoy aqui,y estoy alli,

con mis versos,con mi presencia y con mi ausencia,

con cualquier nombre,el que Uds, quieran,porque

como podre tener yo un solo nombre,

y una sola biografia?

Oscar Frohlich, Noviembre 2010

Naci en la ciudad de la Plata,Argentina,el 1ro.de Mayo de 1942.

Estudie Artes Plasticas en la Escuela de Bellas Artes,y Psicologia en la Universidad de la Plata,y me uni a un grupo de jovenes idealistas que querian cambiar el mundo cambiando primero ellos mismos en una vida de trabajo fisico en las colonias colectivas (kibbutz) en Israel,utopia no del todo terminada ,y soñada.

Para tratar de entender la sociedad humana y sus conflictos,estudie Economia en la Universidad de Jerusalem,y luego en la de Tel Aviv,y ahora entiendo mucho menos que antes.Pinto,escribo y entrego mi corazon,a los pobres de la tierra,sin raza y sin distincion,como lo dijera Jose Marti,en su Verso Sencillo III:.

"Con los pobres de la tierra

Quiero yo mi suerte echar;

El arroyo de la sierra

Me complace mas que el mar."