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entrevistas: Yolanda Duque-Vidal




La tarde de Yolanda.


por la periodista Livia Díaz




La tarde de Yolanda permanece en el tiempo saturada de recuerdos y añoranzas. “Un poder mayor que yo, me llama a volver” pero volver no es suficiente, ya no somos parte del todo ni parte del poco. La salida y la ausencia provocada, insufrible estoica, la salida necesaria e inmerecida, ha marcado su vida para siempre.



Yolanda Duque Vidal de origen chilena, nacionalizada canadiense pero ciudadana del mundo, viaja con sus zapatos de nube y la mochila al hombro, sus gafas la guían, su amor y su energía la impulsan, su fe mueve los Andes, las Rocosas, las cordilleras se abren a su paso invencible. Ninguna extradición pudo cambiar su identidad.


Su voz es una música suave pautada y lenta donde la claridad de su dicción sin acentos vence la maestría con que se redacta y dictamina su paso sencillo, vidente, enamorado. “Mi Patria es el Universo porque el Universo es de Dios y yo soy hija de Dios”. Tal cual. Como si la vida atrapada en el pecho en tesoro vital se cristaliza al sólo verbalizarlo.



“Hay una ansiedad en mi
que indaga una razón.
Mientras el sol dormita
gradualmente bajo el agua,
sus últimos rayos esbozan
tu imagen en la arena”.



Entre canciones y sonrisas, enérgicamente avanzando en amable precisión sin equivocaciones, solidaria, paciente en armonía pero firme, que deja reconocer una práctica continua y cotidiana de pasos por los todos, por los suyos, por nosotros. Convivió con nosotras, unas 46 poetas de 25 países este noviembre en el XI Encuentro de Mujeres Poetas en el “País de las Nubes” región Mixteca de Oaxaca. En la sesentena y algo por fuera, nueve por dentro. Invenciblemente niña y mujer en avance de proyectos editoriales y culturales que abarcan la edición de poetas y cuentistas contemporáneos y la preocupación por los indios “Crees” y “Mic Macs en Canadá.


Dijo Jean Paul Sartre que “Los libros son voluminosas cartas a los amigos”. En los de Yolanda me queda claro que ninguna palabra está dirigida a otra persona. Porque sólo los amigos rozan con el alma el sentimiento al compartir lo que nos hermana en cualquier circunstancia, en cualquier semana, en cualquier idioma. Ella va ganando amigos “estoy naciendo hace poco nada más”. No tiene muchos estudios de Lite-ratura, -dice-. Se llena de amigos silenciosos en la poesía aunque salió de su país con la esperanza de arrodillar la violencia contra su familia ejercida por los militares chilenos en interrogatorios y persecuciones en la década de los 70’s y 80.


“¡Cuántos afanes de libertad sepultaron
los cuervos que mutilaron la Patria!
Semillas de ideales retoñarán un día
y los originarios frutos volverán
a perfumar nuestro exuberante territorio
Cordillera de los Andes
altivo muro accidentado, mudo testigo
de la inmolación, el sudor y la sangre
vertida en los viñedos y maizales”.


Porque una cosa es elegir donde vivir y otra es salir perseguido”. La tortura del aparato de estado tras la caída del presidente Salvador Allende, perseveró contra todos ellos por muchos años, esto obligó a buscar asilo a sus hermanos fuera de Chile y después ella misma comenzó a treparse en las nubes que le llevan los pies, rumbo a otras tierras. Comenzó con la poesía en el exilio, cargada de nostalgias y desarraigo:



“Lóbregos pasajes de la memoria
revelan una niñez desgarrada.
Nada borra lo imborrable, el pasado.

Saeta que regresa sin aviso
y se queda fatalmente alojada
donde incorpóreamente lastima”.



“No había fronteras ideológicas. Sorprendentemente, los mili-tares argentinos conocían toda nuestra historia”. Argentina, que inicialmente fue un refugio para Yolanda se convertía en un infierno poco a poco, hasta que salió de nuevo con rumbo a Canadá. Vivió en Buenos Aires hasta el 4 de octubre de 1986. Siempre trabajando en empresas importantes donde destacó en la jefatura de empleados, administración y contabilidad. A diferencia de sus hermanos que eran miembros del Partido Comunista, Yolanda es Pacifista, “pero eso no servía”, sospechaban de todos, querían saberlo todo sobre ellos, sus amistades, sus actividades, “hasta que un día mi madre les dijo a los militares -mis hijos ya no están aquí, se fueron a Estados Unidos -nunca más volvieron a molestar a mis padres”. Pero duele tenerlos tan lejos. Cuando el avión desciende sobre los Andes y veo Santiago aparecer, mi corazón da un vuelco rotundo, es un clamor y un rumor en el pecho que me soborna y atrapa inevitablemente, siempre, siempre que regreso.



“Intrínsecamente se enquista
en los opacos laberintos
donde no puede desertar.
Arrastra al abismo inexorable
chocando contra el muro
de insalvables fracasos.
Acero mordaz y agudo
que traspasas sin piedad
los frágiles umbrales del alma”.



A Yolanda le faltó tener un hijo aunque tuvo muchos hijos: Sus cinco hermanos y una banda inmensa de sobrinos con los que de vez en cuando, vuelve a ser niña, aunque lamenta no haberlos visto crecer. “La sonrisa de un niño me libera el alma”. “Hubo una época en la que no poder tener hijos casi me llevó a caminos sin retorno. Era un dolor muy grande, algo perdido, porque había problemas, tanto médicos, como personales por resolver y finalmente hace unos años, me quitaron los órganos reproductivos para evitar un cáncer”. La poesía nació cuando era niña. A los nueve años y en la escuela primaria de educación “la maestra nos dijo que escribiéramos un poema, “escriban lo que estén sintiendo”. En ese momento me guié por un poema de Gabriela Mistral. Observé que los versos estaban agrupados de 4 en cuatro y en la forma del trabajo quedó plasmado:



“Si yo encontrara el motivo de mi existencia en este mundo
entender por qué vivo con este dolor tan profundo
Dolor que me da la vida sin saber por qué
Sentir mi alma herida y la razón no la sé”



Mi maestra enmudeció inmediatamente. Pensé que había hecho algo muy malo. Me miraba y miraba mi poema, lo mostró a todos los maestros, a la directora. El escrito anduvo de mano en mano, les parecía quizá increíble que yo a esa edad hubiera escrito eso, como increíble fue verlo consumirse en las llamas cuando los militares tomaron el baúl donde guardaba mis poemas y otros textos y les prendieron fuego “con el hecho de haber quemado mis poemas me cortaron la vida, es como si hubieran mutilado la mitad de mi cuerpo”.



“En tus gargantas ocultas
un insondable y monstruoso arcano.
Los blancos sueños de mi infancia
se han teñido de rojo
ante las escorias de una Patria
arrasada por el fuego de metralla”.



Recientemente Yolanda ha sido reconocida por la Gobernadora General de Canadá en el Palacio “Rideau Hall de Ottawa, junto con otros 60 escritores y artistas chilenos. “Recién estoy naciendo para algunos chilenos”


“Mi poesía parte de la reflexión interna que quiero transmitir, que la gente la entienda, la asimile. Lo mío es espontáneo. Antes fue íntimo, de amigos”. Como escritora comenzó a darse a conocer desde el primer libro, “Poemas de Canto y Luna”, editado en Montreal, Canadá en 1999. Ha escrito “Destino”, “El jardín de mis sueños”, “Senderos”, libros de poesía y prepara la novela “Alas pasivas” que retoma la experiencia de trabajo y convivencia en el albergue de los indígenas “Crees” de la Bahía James, al norte de Quebec y recoge lo que pueden leer otros ojos.



En el 2001 inauguró una editorial sin fronteras que ha llamado “Alondras”, trilingüe, pero que no distribuye por ahora en Canadá, pues “la distribución no es fácil todavía” –asegura-.





Livia Díaz, Oaxaca, México



testimonio de Julia Cortez, de Guatemala



ver enlace:

"Los delitos de genocidio

no pueden quedar impunes"

En el día internacional de los derechos humanos,

Julia Cortez, presidenta de la AJR de Guatemala

reivindica la memoria de las víctimas de los

gobiernos militares

PATRICIA CAMPELO Madrid 11/12/2010 12:55 Actualizado: 11/12/2010 14:20

Julia, presidenta de la Asociación Justicia y Reconciliación (AJR).

Julia, presidenta de la Asociación Justicia y Reconciliación (AJR).Patricia Campelo

Julia es una mujer valiente y sosegada. Lo dice la impávida expresión de su rostro y sus manos pequeñas con las que acompasa cada palabra que pronuncia. Se define con humildad como "una ama de casa" que trabaja las tierras que dan de comer a su familia y retiene el dato sobre su labor de militancia hasta que no se le pregunta directamente.

Julia Cortez Tecú es la presidenta de la Asociación Justicia y Reconciliación (AJR), entidad invitada por la Fundación Paz y Solidaridad (CCOO) para que den a conocer en España el trabajo que desarrollan en Guatemala en el ámbito de los derechos humanos y de la recuperación de la memoria histórica.

Con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos, Julia, en representación de la AJR, ha tenido la primera oportunidad de visitar España y conocer a miembros de las asociaciones de memoria, integradas en la Plataforma contra la Impunidad del Franquismo, con quienes se ha reunido para compartir experiencias y plantear posibles modos de colaboración.

Víctima del genocidio

La circunstancia familiar llevó a la presidenta de la AJR a emprender el camino de la militancia en los derechos humanos. Es hija y hermana de dos víctimas del genocidio maya que asoló Guatemala durante la conflicto armado interno que desangró el país entre 1960 y 1994, y que alcanzó su mayor punto de brutalidad en la década de los 80.

"Trabajamos por las víctimas de los años 80 a 1996 porque fueron años muy duros, donde no se respetaban los derechos fundamentales", rememora Julia, quien subraya que es el momento de que los que sobrevivieron a la tragedia busquen justicia y "que no queden impunes los delitos".

El gobierno entregó viviendas defectuosas a víctimas del genocidio para reparar su dañoEl testimonio de la presidenta de la AJR es el de una mujer que no tiene miedo, a pesar de las represalias que existen en su país contra quienes militan en defensa de la justicia.

Recuerdo colectivo

En Rabinal recuerdan cada una de las fechas en que se masacraron a sus seres queridos. La AJR, formada por 300 miembros, realiza 22 conmemoraciones al año en las cinco regiones donde desarrolla su labor.

El trabajo que realizan por "recordar y no olvidar" lleva a las víctimas a organizar actos, desde hace diez años, en colaboración con otras comunidades afectadas por la represión de los gobiernos militares, y, de esta manera,construyen su duelo de manera colectiva: "Una vez al año hacemos un encuentro con otras comunidades con las que compartimos el dolor por la pérdidas de nuestros familiares", relata Julia.

Los paralelismos con el movimiento ciudadano de la recuperación de la memoria histórica en España son más que evidentes. "En el año 2000 comenzó la asociación porque empezaron a producirse las primeras exhumaciones", señala la activista sobre lo que fue el cumplimiento, por parte del Estado guatemalteco, de una de las recomendaciones que le hizo la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), al amparo de las Naciones Unidas, tres años después de finalizar el conflicto armado.

A pesar de los mecanismos de la comunidad internacional para lograr verdad, justicia y reparación "el Estado no ha hecho lo suficiente", denuncia Julia, quien confía en que un nuevo cambio que se dará pronto en el Ministerio Público, "retome su causa y pueda hacerse justicia". Asimismo señala que parte de la reparación insuficiente del Gobierno de Guatemala consistió en "levantar unas casas para las víctimas que pasados unos tres años se venían abajo".

Visibilizar el genocidio

Dar a conocer la historia hace que no vuelva a repetirse". La líder de AJR conoce bien la máxima de Churchill que repite con frecuencia porque considera muy importante que "los testigos del genocidio certifiquen lo que pasó y que no se olvide".

Transmitir la memoria histórica a los jóvenes es una tarea vital que la asociación no ha descuidado. "Por lamentable que sea lo que pasó, no podemos esconder la historia a la juventud aunque - reconoce Julia- hay historias horribles que no se han contado por la dureza de su relato".

Un mural con 2000 fotos recordó a los muertos y desaparecidos el pasado noviembreConsciente de las críticas que suscita su compromiso social, responde a quienes tratan de acallar a los militantes de AJR aduciendo que "tanto recordar, acabará repitiéndose la tragedia". "Dando a conocer la verdad, concienciamos a los jóvenes para que no repitan los errores del pasado", insiste.

Uno de los recursos que utiliza esta entidad es el de la "memoria fotográfica". El pasado noviembre, más de 2.000 nombres y fotografías de mujeres, hombres, ancianos y niños asesinados por militares entre 1981 y 1982, llenaron la pared de un cementerio de Rabinal en un acto simbólico "por el recuerdo y la dignidad" de las más de 200.000 víctimas entre muertos y desaparecidos que dejó el conflicto, según el informe de la CEH.

Difícil reconciliación

La AJR busca "que no queden impunes los responsables de torturas, asesinatos, violaciones y demás agresiones terribles" y reconoce Julia que la "reconciliación" que la propia asociación lleva por nombre es un concepto que a ella le cuesta mucho asimilar. "Reconciliar es algo que no podremos hacer".

Esta campesina y ama de casa encuentra un punto de satisfacción en su lucha al sentir que lleva consigo "la memoria" de sus "seres queridos" y quecontribuye activamente a "visibilizar lo que sucedió", como superviviente de una tragedia que la llevó cuatro años a vivir en la montaña.

"No se puede esconder la historia, por lamentable que fuera""Tras la masacre del 15 de septiembre de 1980 a los campesinos de mi región, tuvimos que refugiarnos en las montañas para salvar la vida", un lugar en el que asegura no haber visto "a ningún guerrillero". "Los soldados nos acusaban de ser la guerrilla, pero vivíamos allí solo para defender nuestras vidas".

Como prueba que refuta sus palabras, Julia esgrime un último argumento: "En las exhumaciones de aquellos campesinos no apareció ni una sola arma de fuego".

El cuerpo de la hermana de la presidenta de la AJR fue hallado recientemente. El de su padre, en cambio, continúa buscándolo. Ambos fueron asesinados durante el exilio interior que vivieron huyendo de los militares.


ensayos y reflexiones: Eduardo Montagut Contreras


Memoria histórica como proyecto social y cultural



http://lacomunidad.elpais.com/memoria-historica/2010/12/8/poetas-y-academicos-espanoles-reconocen-ejemplo-de


Este blog pretende, en su modestia, contribuir al debate sobre la memoria histórica de nuestro país, con alusiones a la cuestión en otros lugares. Concibo la memoria histórica como un proyecto con dos facetas complementarias:

Como proyecto cultural. La Historia es un saber que no necesita justificación utilitaria de ningún tipo. Forma parte de nuestra cultura y conocer nos enriquece. Es el saber por el saber, sin grandes justificaciones.

Como proyecto social. Pero la Historia también es un saber con un fin útil. La memoria histórica forma parte de los cimientos o pilares de una sociedad. No se puede construir, ni reformar, ni ampliar una democracia tapando su pasado, y mirando hacia otro lado. Nuestro país, nuestra democracia tienen un deber moral, un deber de justicia y un sentido ético que deben sustentarse en el conocimiento reposado pero intenso del pasado siglo. No se trata de abrir heridas, sino de cerrarlas de forma definitiva y de aprender de las experiencias pasadas. Vivir el presente y encarar el futuro no se pueden hacer obviando el pasado o seguir permitiendo que se cierre en falso.

Por último, los historiadores elegimos nuestros temas de estudio de forma libre, y en función de nuestras sensibilidades, inquietudes y preocupaciones. Algunos pensamos que tenemos un compromiso con las víctimas, con los marginados, con los que han sufrido a lo largo de la Historia. Este blog dedica especial atención a los seres humanos que en la época contemporánea han sufrido por sus ideas, creencias religiosas, por su condición y opción sexuales, su origen, y por otros motivos. Conocer las causas de la discriminación y de las persecuciones, así como quiénes fueron los victimarios es la otra parte de nuestro compromiso. Pero, también es importante el conocimiento de los personajes que han luchado a favor de los derechos humanos. Nos ofrecen un ejemplo de esperanza entre tanta barbarie.

El autor de este blog o cuaderno es Doctor en Filosofía y Letras (Geografía e Historia. Sección Historia Moderna y Contemporánea) y Premio Extraordinario de Carrera por la UAM. Ejerce como profesor de E. Secundaria y ha dirigido una Sección de E. Secundaria de la Comunidad de Madrid durante diez años.


testimonios poeticos: Liz Durand Goytia

Migraciones

Con los ojos cerrados todavía, comienza a percibir los ruidos diferentes. No logra identificarlos y se siente extraña. Abre los ojos y la sorprende esa luz diferente, inesperada. Percibe un ligero mareo y en su cabeza se instala confusión.

La habitación también es desconocida: la puerta está en otro lado. ¿Qué ha pasado? Viene a la memoria el viaje, el largo recorido por estaciones de tre, el paisaje variado, interminable. recuerda los acentos diferentes en las voces cuando el radio portátil de algún pasajero sintonizaba la estación del lugar que cruzaban.

Le duele un punto profundo en el pecho: su escuela, sus amigas. Ya no están.

Otra vez comenzar, salir a esas calles ajenas en busca de las menores cosas, aprender a nombrarlas de nuevo, instaurar nuevos sabores y sorpresas.

Siempre es difícil volver a comenzar, intentar la amistad, empatar.

No falta ocasión para las añoranzas pero la realidad siempre termina por imponer su reino y así, con su timidez a cuestas, con la fuerza de sus pocos años, con ese llanto tierno, recomienza.

Aprende a ver ese otro nuevo sol, a entender los sonidos, a acercarse a la gente. Un día, cuando despierta ya no se siente extraña: es su mañana, su casa, su alegría... por poco tiempo.

Llega de nuevo el trueno que determina el cambio, la mudanza. Hacer de tripas corazón, empacar todo de nuevo y emprender otro viaje, perder otra vez ese poco de luz,ese pequeño espacio donde estar.

Así por muchas veces. Hasta que se hace mayor se da cuenta de que no puede parar, que no tiene raíces, que nadie del pasado está con ella. La danza de las ciudades en su memoria, la confusión de tiempos, la dolorosa llaga que deja el desarraigo...

Un día lo entenderá: ella no es de raíces, sino de alas. Por eso será de todas partes, de todo el aire, de todos los lugares.

7 de diciembre, 2010

Testimonio de Edith Lomovasky-Goel



Cuando pienso en los desplazamientos geográficos, descubro que todo tiene que ver con todo. O sea: los pasos dictan el color de las palabras. Si tengo que pensar en actos o momentos que me definen, siempre me reencuentro con acercamientos o distancias.

En mi caso, haber nacido en Adrogué, una localidad de la provincia de Buenos Aires, de arboleda densa y palacetes cansados, le da un temple a mi vida adulta, una sed insaciable desde este desierto israelí empeñado en florecer.

Mis cuatro abuelos llegaron a Argentina a principos del siglo XX escapando de los pogroms y de la discriminación que el ejército zarista hacía contra los soldados judíos. Hablaron un idish fluido y un castellano muy incipiente hasta el final de sus vidas. Como no pertenezco a una rancia estirpede la comunidad judía, si me remonto en la genealogía no creo que llegue a descubrir nada "destacado". Mis antepasados, fronterizos entre Polonia y Rusia Blanca y de Besarabia, vivían en shtetls, pequeños pueblos rusos habitados por judíos. Nunca aprendieron el ruso, no terminaron la escuela primaria. Eran trabajadores manuales y también hubo músicos. Mi bisabuelo materno fue un Mitnagued jasídico, un buen judío. Hasta aquí todo lo que sé. Creo que recibí un mensaje velado de mis padres: ser completamente de "aquí", argentina. Yo no contemplaba ninguna otra opción. Me aplicaba a los estudios para ser "alguien". Pero ¿Quién?

En Adrogué no conocí otros judíos que unos primos. Me sentía distinta, objeto de una mirada desconfiada de todos mis compañeros de escuela católicos. También los envidiaba.

A los nueve años me mudé a la capital. Me atraían el puerto y los barcos de bandera extranjera. Lo único que logro recordar eran algunas pequeñas embarcaciones yugoslavas. Los marineros hablaban una lengua lejana. Rubios, de piel tostada. No movían nada en mis fibras. Pero siempre pensaba que quizás, en mi próxima visita... Entonces yo no sabía que mis abuelos habían llegado en un transatlántico desde Europa a ese mismo puerto. A lo mejor ya lo había leido en el subtexto de nuestras repetidas e interminables charlas .

Mi abuelo rememoraba el paisaje de las colonias de Santa Fe, en las que había sido jinete judío colonista en Moisesville y había compartido el fogón, fascinado por los relatos de los campesinos criollos sobre "la luz mala". Mi abuela, en cambio, tenía esa letanía que siempre me dolía en el cuerpo. A los once años se había tenido que separar de su madre al venirse de Rusia a Argentina. Su madre no cumplía los requisitos de Inmigración porque sufría de alguna enfermedad. Ese corte fue una herida expuesta a la vista de todos, como justificación y motivo de una melancolía crónica. Los parientes que habían quedado allí lejos se borraron de todos los mapas durante la Primera Guerra Mundial.

Lo que más me gustaba de Buenos Aires era caminarla de punta a punta, sola. Y escaparme escaparme escaparme.....Los libros novelados me ayudaron a ser hija del mundo. Leía narrativa argentina y europea. Ahí me sentía en casa. Durante mi curso de ingreso a Filosofía y Letras, un año después de terminar la secundaria, mis padres empezaron a organizar nuestra emigración a Israel. El motivo fue la situación de desempleo de mi padre, a los cincuenta años de edad en un país que desprotege al ciudadano, sin leyes de seguro social que rescaten y valoren toda la contribución de una vida laboral. Quedaba algo así como pedir limosna o nada. La noticia de nuestro viaje me causó cierto regocijo porque yo pensaba sólo en el trayecto en barco durante un mes hasta llegar a Haifa. Nunca quise llegar. El viaje fue para mí una aventura fascinante, que despertó una nueva sed y confirmó cierta saudade inexplicable, mis ganas de ir por el mundo y no anclar jamás. Conocer otras lenguas, otras culturas, atesorar amigos...

A pesar de ser por fin una ciudadana de primera clase, revancha a los siglos de marginación de mis ancestros, mis coordenadas de inmigrante no concuerdan con las de la mayoría de los argentinos judíos que llegaron aquí respondiendo a un sueño de pertenencia o a un ideal sionista. Yo era y soy una ignorante respecto a la cultura y la religión, no me identifiqué jamás con el espíritu de los movimientos juveniles y la aspiración de crear "un nuevo judío", borrando las vidas anteriores en su país natal. Comprendo perfectamente los imperativos del pueblo judío y especialmente a los sobrevivientes de la Shoá. Claro que debían reinventarse, gestar una dignidad como punto de partida.

Mi migración fue forzada, por motivos económicos. Así de simple, poco glorioso, poco heroico. Esto causa incomodidad a mucha gente que me escucha. Tampoco me considero una "olá" ( algo así como "ascendiente" en hebreo, alguien que emigró y ascendió a un lugar más alto que el de su país de origen). Mi escritura poética es en castellano, mi lengua materna, aunque mi hebreo me permitiría expresarme enteramente. Escribo sobre la vida aquí y ahora. Los ciclos de las festividades judías en Israel me despiertan constantemente hacia la reflexión. Este desierto se oculta detrás de un verdor y una velocidad extenuantes. Hay en este lugar una necesidad de hacer hiperbólicamente, a seguir adelante sin mirar atrás ni a los costados. A resarcirse de todo lo que no fuimos. A no leer las historias de los otros. EnIsrael, país de migraciones por excelencia, la gente esconde historias de vida que superan toda ficción. Ese es un tesoro que hay que salvar.

Vivir en Israel tiene un efecto complejo en mí: por un lado, por fin soy una ciudadana de primera clase. Si bien en Argentina nunca sufrí directamente de ataques antisemitas, siempre se me marcaba. Cada vez que tenía que llenar un formulario buscando trabajo, leía el hueco de "religión" y me sentía descartada a priori, amenazada, con una sensación de incomodidad en la mano que escribía, en el brazo, en las rodillas. Aquí no. Ya no siento la necesidad de usar mi estrella de David en el pecho. Si bien en Israel me registran con una sonrisa por mi acento imborrable de "gringa hispanohablante", esto no me discrimina y es una gran diferencia. Se me considera un objeto simpático y agradable , relegada a ser música de fondo. Esto me disgusta profundamente : el castellano en Israel goza de una popularidad engañosa, limitada al ghetto de la telenovela, la salsa, el asado y los tacos. Asfixiante a ratos, humillante. Otra vez gringa, otra vez "no de aquí".

Al escribir en castellano no soy nostálgica sino que elegí. Esta elección tiene un alto precio, ya que no es la lengua hegemónica- hebreo-. Eso implica estar excluida de los círculos intelectuales locales de por vida.

Mantengo con mis raíces un diálogo ininterrumpido que intenta armar el caleidoscopio. Ahora me siento de una sola pieza en el mapa de mis tribulaciones. Soy conciente de la riqueza acumulada a lo largo de los años debido a la danza invisible de mi movimiento y la musica de las lenguas. Aspiro a ganar junto a ustedes, lectores y escritores, una mirada capaz de atesorar todas las tonalidades, desde lo entrañable hasta lo abyecto y sobre todo, una memoria para decir lo que silenciamos o repetimos sin haber sido nunca oidos de verdad.

Todos los seres humanos debemos recuperar la dignidad, el autorrespeto, el respeto a los otros. Debemos ser visibles y oidos. Somos lo que somos: nuestros desplazamientos y nuestras palabras nos definen. Por eso creo en los testimonios personales e insto a todos los que migraron a dejar aquí su marca.

memoria y migracion




Como inmigrante y pobladora de dos cartografías muy diversas, reconozco el tesoro de silencios que guardamos dentro al haber cruzado fronteras geográficas. Por eso he creado el blog de nuestro Archivo Internacional de Testimonios de Desplazamiento.


El propósito de este espacio es recoger testimonios autobiográficos de quienes han cruzado fronteras geográficas tanto dentro del propio país como exteriores y han iniciado nuevas vidas, ya sea por cumplir sus sueños, mejorar su calidad de vida o por migraciones forzadas- ya sea por razones de desempleo, asilo político o inseguridad personal como ciudadanos de territorios en beligerancia y bajo la amenaza de la violencia u otras razones.

Nuestro archivo se especializa en historias, relatos, expresados en palabras – por ahora no registraremos fotos, obras plásticas o música, en una etapa posterior sí-.

Nos proponemos dar visibilidad a momentos en las vidas de los que migran, aquellos que dejan una marca entre las dos cartografías – a veces positivas, a veces negativas, a veces simplemente nos apetece contarlo para que no caiga en el olvido-. Definitivamente no se trata de contar historias heroicas o ejemplares sino la vida misma. Alentamos expresamente a todos, no necesariamente a los escritores, porque CADA SER HUMANO CUENTA.


Requisitos:

Todos podemos contar para el Archivo, a cualquier edad entre los 12 hasta los 120 años:

niños, adolescentes, adultos y ancianos. No importa la ocupación, la religión, la nacionalidad.

El texto puede estar escrito en:

Español, inglés, hebreo, francés, portugues o italiano


Escriban exclusivamente a este email:

memoria.migracion@gmail.com


Envíen una narración estrictamente autobiográfica en documento Word adjunto en Times New Roman 12.

Señalen nombre, apellido, edad, lugar de origen y lugar de residencia.



¡Aquí l@s esperamos!